Pablo Alabarces: “El poder político es parte de la violencia en el fútbol”

Escrito por el 6 de febrero de 2016

Hace unos días, las imágenes bochornosas de jugadores golpeándose violentamente en el marco de un partido “amistoso” entre los clásicos Estudiantes y Gimnasia de La Plata circularon ampliamente por los medios. Previamente, un grupo de hinchas de Gimnasia había desplegado en su sector una bandera del club rival para luego prenderla fuego. Los hechos se inscriben en una larga tradición de violencia y corrupción futbolística de nuestro país, ocurrida tanto en el interior de los límites del campo de juego como fuera de los estadios. (Leer más en el cuerpo de la nota)
 
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Pablo Alabarces (sociólogo, investigador, profesor de la UBA), quien ha publicado trabajos relacionados con la temática, señaló en diálogo con Grupo Electrógeno que este hecho puntual no fue “para nada sorpresivo”, sino, por el contrario, “perfectamente esperable”. Desde su visión, “los fenómenos de la violencia en el fútbol tienen que ver con fenómenos mas ampliamente sociales, pero hay una particularidad y es que el fenómeno violencia en el fútbol tiene mucha autonomía, tiene un régimen muy propio que puede ocurrir independientemente de otros fenómenos de naturaleza social: no hay correlación necesaria”. Así mismo, sostuvo que el sentido de la lógica violenta es inverso al que se acostumbra a pensar, dado que “la cultura del aguante” pareciera haberse gestado en el fútbol para irradiar a otras esferas: “el fútbol no refleja la sociedad, sino que la sociedad refleja el fútbol”.
El sociólogo se refirió, además, a la esterilidad de los intentos de proponer soluciones que parten de un diagnóstico incompleto, ingenuo o sesgado de la situación. En este sentido, sentenció que “si decís que la violencia en el fútbol se reduce a ‘los violentos de la barra’ quiere decir que no lo entendiste y no lo vas a solucionar”. Los “barrabravas” deben su existencia, según el entrevistado, no sólo a una “gran legitimidad social” sostenida por la hinchada y el territorio, sino a la “cantidad infernal de dinero clandestino circulando por el fútbol”, de la cual los barras exigen ser incluidas en el reparto. Sin embargo, consistiría en un error señalarlos como la única parte implicada.
 La responsabilidad directa de otras esferas de poder pudo verse, según Alabarces, en el hecho de que un grupo de hinchas de Gimnasia haya ingresado banderas del equipo rival a su sector superando así los cacheos policiales que debían impedirlo. Pudo verse también, en toda su extensión, en los sucesos del Boca-River del mayo pasado: desde el gas pimienta del “panadero”, la reacción de hinchas y jugadores, y las negociaciones de dirigentes y políticos para soliviantar la sanción al club de la ribera, hasta la finalmente alcanzada “amnistía” que implicó la reducción de la pena a la irrisoria suma de dos partidos a jugar sin público por copas internacionales.
En este panorama sombrío, Alabarces remarcó que, pese a todo, “la solución existe: si estamos en condiciones de entender, explicar, describir y comprender un fenómeno, quiere decir que estamos en condiciones de proponer la solución”, algo que no es tarea fácil: “el problema es cuando esas soluciones chocan con un poder político que es parte del problema y no parte de las soluciones. Esto ha pasado de Aníbal Fernández que manejaba la barra de Quilmes, a las manos de Macri que manejaba la de Boca, y Ritondo que manejaba la de Chicago; evidentemente de ese lado no hay solución”
La única alternativa real, entonces, para el sociólogo y autor de “Hinchadas” y “Deporte y sociedad”, sería que ante estos hechos repetidos hasta el hartazgo es “algo que por supuesto no vamos a conseguir, y es que los hinchas comunes digan ‘basta, no vamos mas a la cancha’; algo que debe producirse como movilización”.

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