Masculinidad, precariedad y suicidio: la «doble crisis» que acorrala a los varones jóvenes
Escrito por La Colectiva Radio el 25 de septiembre de 2026
En 2025, Argentina registró la cifra de suicidios más alta desde que existen estadísticas comparables. El 78,6% de las víctimas fueron varones, con una fuerte concentración entre los 18 y los 34 años. En diálogo con Radio La Colectiva, Ariel Sánchez —integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social e integrante del equipo de la Subsecretaría de Políticas de Género y Diversidad Sexual del Ministerio de Mujeres y Diversidades de la provincia de Buenos Aires— analiza cómo el mandato del «varón proveedor» choca contra la degradación económica, el aislamiento afectivo y la falta de políticas de cuidado, empujando a miles de jóvenes al colapso.
El aumento exponencial de suicidios en jóvenes no es un drama puramente privado o psicológico; es un síntoma social y económico. Según datos del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), en 2025 se registraron en Argentina 5.209 suicidios, un 22,6% más que el año anterior. La inmensa mayoría de estas muertes afectó a varones jóvenes entre los 20 y los 34 años. Son jóvenes que terminaron la secundaria en pandemia y hoy chocan de frente con un mercado laboral precarizado y sin certezas. Con más de 314.000 empleos formales perdidos, un 91,7% de hogares endeudados y un 40% de mora crediticia entre los jóvenes, las hojas de ruta tradicionales están rotas.
Para Ariel Sánchez, autor junto a Luciano Fabbri y Nicolás Pontaquarto del artículo publicado en Le Monde diplomatique «El derrumbe: precariedad, endeudamiento y suicidio entre los varones jóvenes», este escenario se explica por una doble crisis: una dimensión simbólica vinculada al rol masculino y una degradación de las condiciones económicas acelerada. «Vemos cómo sigue en funcionamiento el mandato vinculado a la masculinidad, sobre todo el de ser proveedor, pero las condiciones materiales para construir esa proyección ya no están. Hay una crisis del lugar que deben ocupar los varones que choca de frente con la precarización y la incapacidad de pensarse proyectados a futuro».
A diferencia de lo que ocurría en décadas pasadas, la franja etaria con mayor prevalencia se desplazó de la adolescencia temprana (15-19 años) hacia la juventud de entre 20 y 34 años. Se trata de la generación que atravesó la pandemia en la finalización de sus estudios secundarios y que hoy intenta insertarse en un mercado laboral fragmentado e incierto.
Cuando el valor personal de un varón queda atado exclusivamente a su rendimiento productivo, no poder pagar una deuda o quedar desempleado no se experimenta solo como una dificultad financiera, sino como un quiebre identitario y la pérdida de su lugar en la sociedad. Al carecer de herramientas afectivas para procesar el fracaso, la frustración se transforma en desmoronamiento. Ariel Sánchez rescata el concepto de «dispositivo de masculinidad» para señalar que los mandatos de dominación, riesgo y omnipotencia no solo ejercen violencia hacia las mujeres y diversidades, sino que operan como una amenaza a la vida de los propios varones. «El dispositivo de masculinidad es esa socialización que produce riesgo más que cuidado, la exigencia de mostrarse todo el tiempo exitoso, impenetrable y potente. Hoy hay que pensarlo como una amenaza a la vida y a la vida comunitaria».
Otro de los puntos importante a tener en cuenta en esta problemática es la dificultad que tienen los varones para acercarse al sistema de salud y pedir ayuda. Ariel sostiene que «los varones tradicionalmente no tienen trayectos por el sistema de salud. Se puede ver una línea de existencia de varones hasta los 18 años y después desaparecen. Vuelven a aparecer en situaciones de alta complejidad o en la guardia traumatológica cuando se la ponen en un accidente o en un partido de fútbol, pero no en la atención primaria». Y agrega: «Esa desaparición a los 18 años ocurre porque en la mayoría de los casos desaparece el cuidado materno que los llevaba a la consulta. Las pibas tienen bastantes más intentos de suicidio, pero tienen mucha más trayectoria por el sistema de salud y por el pedido de ayuda”.
En este contexto, y ante la ausencia de espacios colectivos que contengan el malestar, el mercado financiero y las redes digitales explotan la vulnerabilidad y el aislamiento de los pibes. La cultura del «salvate solo», impulsada por los discursos de la manosfera e influencers financieros, ofrece una falsa promesa de éxito que termina multiplicando el encierro y el sobreendeudamiento. A esto se suma, una ultraderecha conservadora que incita a los varones a canalizar su frustración a través de discursos de odio misóginos. «El mandato de la bronca y el odio es un mandato mucho más reconocible para los varones que la angustia. Les cuesta mucho diferenciar cuándo están angustiados y cuándo tienen bronca. Y cuando les dicen que no es angustia lo que sentís, sino rabia porque ‘te quitaron lo que era tuyo’, las formas de resolver eso son trágicas», sostiene Ariel.
La clave para la prevención del suicidio no es esperar a que el joven golpee la puerta de un consultorio, sino impulsar políticas públicas y estrategias vinculadas a la conversación y la capacitación de docentes, equipos de salud, referentes barriales y familias para leer la agresividad o el encierro como un pedido de ayuda. «Hay que generar espacios de escucha, pero no es escuchar para no hacer nada, sino escuchar para llegar por los canales que ya existen. Porque los canales existen pero los pibes no están llegando. El servicio de atención está en el barrio pero el pibe no va. No hay que quedarse con el “no vinieron” sino ir a buscarlos a donde están, al club, la barbería, a los terceros lugares donde circulan».
Desde la Subsecretaría de Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, en articulación con el Ministerio de Salud, se están planificando e impulsando estrategias territoriales orientadas a intervenir directamente en aquellos espacios cotidianos donde los jóvenes efectivamente circulan y habitan. A través de campañas como «¿Estás? Estoy» y las líneas de atención telefónica como el 0800 222 5462 de Salud Mental y consumos problemáticos y la línea Hablemos para atención y derivación para varones que ejercen violencia, se busca ofrecer un acompañamiento y abordaje integral de la salud con acciones preventivas y de promoción de los derechos.
Por otro lado, afrontar esta problemática exige desterrar la idea de la culpa individual o familiar. Muchas veces los círculos afectivos quedan devastados ante una situación de suicidio y con culpa. Ariel destaca en este punto la responsabilidad del Estado y de la comunidad en su conjunto en estas situaciones. “La responsabilidad es estatal y colectiva. Por que muchas veces los familiares terminan con mucha culpa, el amigo, la madre, el hermano se preguntan ¿por qué no me di cuenta? y es muy difícil vivir con eso. Para que algo sea reparatorio hay que pensar estrategias de prevención y postvención comunitaria para que algo se repare ahí comunitariamente. Hay algo que sucede en una escuela cuando una persona se suicida, hay algo que se desgarra, porque no pudimos como comunidad sostener esa vida. Hablar es lo mejor que podemos hacer en estos casos.”
Por eso, la salud mental de los varones jóvenes debe ser asumida como un pilar dentro de la agenda de género. Es necesario construir nuevas estrategias, demandar políticas públicas estatales que construyan horizontes de vida sostenibles, y generar espacios de conversación entre amigos y redes que sostengan nuestras vidas.
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Líneas de ayuda y acompañamiento
Provincia de Buenos Aires:
Línea de Salud Mental y consumos problemáticos: 0800-222-5462
Línea Hablemos de atención y derivación para varones que ejercen violencia: 221 602 4003
Campaña ¿Estas? Estoy. Hablemos de lo que nos pasa
CABA:
Línea 135: Asistencia telefónica gratuita a personas en crisis o con riesgo de suicidio. Centro de Asistencia al Suicida (CAS)
HD