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«El bicho humano es un ser tecnológico» Ariel Pennisi

Escrito por el 10 de julio de 2024

La inteligencia artificial parece haber llegado para quedarse, y con ella se nos presentan muchos interrogantes. Comprender estas tecnologías y sus alcances plantea un desafío que va en simultáneo con su aplicación y desarrollo.

Hay muchos abordajes posibles para comprender las consecuencias e implicancias de su utilización ya sea para establecer las cualidades positivas que la convierten en una herramienta para mejorar o agilizar procedimientos o bien analizar los cambios negativos que puede producir a nuestro organismo.

El libro “La inteligencia artificial no piensa (el cerebro tampoco)” escrito por Miguel Benasayag y Ariel Pennisi nos invita a repensar y descubrir ¿es el cerebro un órgano productor de pensamiento? ¿seremos colonizades por la tecnociencia? ¿existen diferencias entre la inteligencia artificial y la humana? ¿podremos predecir el alcance de estas tecnologías? ¿conocemos el verdadero alcance de la inteligencia humana?

Son & Se Hacen entrevistó a uno de sus autores, Ariel Pennisi. Ensayista, docente e investigador (UNPAZ, UNA), codirector de Red Editorial, encargado del área de Nuevas Tecnologías del IEF CTA A, integrante del Grupo de Estudios Sociales y Filosóficos en el IIGG-UBA, autor de artículos en Tiempo Argentino y de los libros Nuevas instituciones (del común), Papa Negra, La globalización sacralización del mercado, Del contrapoder a la complejidad (con Raúl Zibechi y Miguel Benasayag), El anarca: filosofía y política en Max Stirner (con Adrián Cangi).

La Colectiva: ¿Por qué nos entusiasma tanto no tener que pensar y que nos resuelvan algunas cuestiones las tecnologías?

Ariel Pennisi: Yo creo que no entusiasma no tener que pensar, creo que en todo caso la promesa de la facilitación que viene de la mano de la inteligencia artificial acompaña a la falta de entusiasmo que justamente es la que está en la base de todo pensamiento. El pensamiento no como un hecho estrictamente racional y ligado a la capacidad de calcular y procesar información, sino el pensamiento como un emergente complejo donde el cerebro ocupa un lugar pero no es el lugar del cual proviene el pensamiento sino que en todo caso el cerebro ocupa un lugar por sus características, por su historia dentro de un ecosistema de cuerpos, de paisajes, de marcas bibliográficas, históricas, culturales, etc. Entonces el cerebro en todo caso hace posible cierta dimensión simbólica abstracta, pero no es un órgano que secreta pensamiento. Entonces el problema es que el modelo de la inteligencia artificial es muy parecido a una imagen del pensamiento muy reduccionista, que es aquella que justamente supone que el pensamiento viene del cerebro y que el cerebro en realidad lo que tiene es una capacidad que asocia el pensamiento a calcular, al procesamiento de información, a la capacidad de establecer correlaciones, y es un reduccionismo matemático informativo que no es nuevo y tiene su origen en el corte moderno, podríamos decir entre Descartes y Galileo. En alguna medida cuando hablamos de inteligencia artificial no podemos separar de ese fenómeno a un momento determinado del capitalismo y por lo tanto de las prácticas que van asociadas al consumo, a la incitación, al hedonismo inmediato y casi diría a una especie de mandato permanente que tiene que ver con producir más, pero al mismo tiempo con una contradicción que es producir más pero para dejar tiempo disponible para una nueva acción, entonces es como una especie de carrera medio loca y es en ese contexto que lo que genera la inteligencia artificial yo no sé si es masivamente entusiasmo, pero sí se monta sobre ese frenesí. Por supuesto que después como fenómeno puede generar entusiasmo en distintos campos de la investigación tanto desde el punto de vista crítico como desde la gente que utiliza distintas formas de inteligencia artificial para el campo de la salud u otros terrenos de investigación y donde hay todavía mucho que pensar.

LC: ¿Existe también un temor por desconocimiento? Por ejemplo cuando se habla de reconocimiento facial

AP: Digamos que son muchas capas que se superponen cuando hablamos de este tipo de fenómeno. Por un lado los sistemas de vigilancia y recolección de datos que se perfeccionan y están bajo los mecanismos de cierta forma de inteligencia artificial por supuesto que asustan, pero forman parte de una genealogía que podemos incluso ubicar en los orígenes de las huellas digitales, del uso de esas huellas digitales, de la asociación entre la forma del rostro y la criminalidad y hay toda una línea ahí que puede tal vez ayudar a pensar esto que comentabas recién. Ahora hay una pregunta también: ¿qué es lo específico, lo novedoso, lo que incorpora la inteligencia artificial en este tiempo? Nosotros con este libro que sacamos, que tuvo que ver con una especie de arrebato porque habíamos hecho una notita en el diario Tiempo Argentino con Miguel Benasayag, con quien venimos trabajando hace bastante y a quien hemos publicado formando parte de Red Editorial, venimos pensando en varios niveles esta cuestión de la complejidad, la política contemporánea y la hibridación justamente entre los fenómenos orgánicos y los fenómenos digitales. Con Miguel estábamos trabajando estas cuestiones cuando de pronto en abril del año pasado ChatGPT volvió muy masivo el fenómeno de la inteligencia artificial como un consumo cotidiano, una relación capilar. Entonces Editorial Prometeo nos propone sacar un libro con ese mismo formato de la nota en Tiempo Argentino en forma de diálogo y armamos una especie de diálogo de tres meses organizándolo como libro. En realidad todos los aspectos que tienen que ver con la vigilancia o la minería de datos la tratamos en un capítulo del libro así como distintos modos de explotación que surgen a partir de una actividad que produce valor y que no es considerada trabajo y tiene que ver con las plataformas. Pero hay gente que trabaja esos temas muy bien, nosotros en todo caso nos preguntamos más la base epistemológica, los supuestos sobre los cuales se monta la inteligencia artificial, y sobre todo sobre un equívoco fundamental de esta época que es homologar la inteligencia orgánica a la inteligencia artificial.

LC: Si trabaja con los datos que nosotres le proporcionamos ¿es la inteligencia artificial machista y capitalista?

AP: En todo caso eso tiene que ver con el modo en que son los dueños de las principales plataformas y procesadores, quienes manejan el asunto. Pero insisto con que hay un punto que es más importante que estas definiciones ideológicas clásicas o caracterizaciones que en todo caso también podemos hacer de fenómenos políticos que no tienen que ver con la inteligencia artificial, son hechos y problemas de la vida social. En todo caso no habría por qué pensar que eso no va de alguna manera a estar presente también en los formatos de la inteligencia artificial. Yo creo que el problema de base no es ese, que el problema epocal es justamente la homologación de la inteligencia artificial a los fenómenos orgánicos y a la inteligencia orgánica. En el libro un poco lo que proponemos son una serie de distinciones. Porque a uno intuitivamente le podría parecer bastante evidente que hay una diferencia de naturaleza entre la inteligencia orgánica y la inteligencia artificial, aunque también hay mucha gente que en los últimos 20 años y cada vez más diría ´no, no hay una diferencia, en realidad todavía no llegó la inteligencia artificial a ser como la inteligencia humana´. Con el libro nuestra idea fue generar condiciones para una argumentación y una conceptualización de esa diferencia. Nos parecía estratégico partir de ahí para ubicar la inteligencia artificial en una historia y una génesis que no tiene que ver con la inteligencia orgánica en su naturaleza, tiene que ver en la medida en que toda la historia de la técnica, que por supuesto está inevitablemente entrelazada con que el bicho humano, el ser humano, es un animal técnico, no es un animal que pueda prescindir de la técnica, sino que es un animal inevitablemente técnico. Hay una potencia y una captura de autonomización de los fenómenos digitales y de la interfaz digital que nos generó una preocupación sobre la cual Miguel (Benasayag) -porque en particular su trabajo tiene que ver básicamente con los efectos de los fenómenos digitales en el cerebro, hizo un recorrido como biólogo y neurofisiólogo en Francia, vive allá desde su exilio desde el ’79- realizó con un equipo de investigación una serie de experimentos “bastante económicos” como dice siempre él porque obviamente las grandes empresas no están detrás de ese tipo de experimentos sino de otros. En este experimento se verifican problemas muy serios sobre todo en un aspecto del cerebro que es la delegación masiva de funciones. Esto es algo constitutivo del cerebro históricamente, pero claro, cuando delega al mismo tiempo libera un espacio que puede ser reutilizado o derivado para otra cosa, pero eso sucede en periodos muy largos de siglos o de muchos años. Acá lo que está ocurriendo es que este es un fenómeno que no deja tiempo a metabolización, entonces tanto a nivel del cerebro como en muchos casos a nivel de la subjetividad, de la cultura y el lenguaje, nosotros vemos que hay un problema central sobre el cual no se está hablando, se habla poco o de forma escatológica como el fin del mundo. .

 


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