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Atlas de los sistemas alimentarios del Cono Sur en la Huerta Urbana Agroecológica Anita Broccoli

Escrito por el 27 de abril de 2023

La Fundación Rosa Luxemburgo presentó el Atlas de los Sistemas Alimentarios del Cono Sur el jueves 13 de abril de 2023 en la Huerta Urbana Agroecológica Anita Broccoli, ubicada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Junto a referentes de organizaciones y movimientos sociales del Cono Sur, se realizó esta presentación en un espacio de debate y reflexión sobre la situación del acceso a los alimentos en la región sur de América.

El Atlas se trata de un material construido con la participación activa de los movimientos populares y campesinos del Cono Sur, en el que se presenta no sólo un diagnóstico de la crisis alimentaria en la región y la radiografía del modelo del agronegocio que enferma, envenena (a las personas y los alimentos) y destruye territorios, sino también alternativas para superarla en manos de los movimientos populares. Estrategias de producción y abastecimiento de alimentos que, desde la semilla al plato, intentan sobre todo producir un alimento sano, soberano y a un precio justo

En la primera mesa, titulada “Hambre y organización popular: las respuestas desde abajo contra la inseguridad alimentaria” participaron Marcos Filardi, Cátedras Soberanía Alimentaria. UBA, Dina Sánchez, Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular Ana Paula Perles, Movimiento de Trabajadores sin Techo (mtstbrasil). Brasil, y Patricio Vértiz, FCAyF-UNLP. Instituto Tri-Continental. 

Comenzó el diálogo Patricio, preguntando: “Las grandes multinacionales tienen la capacidad brutal de imponer cómo se produce en los distintos países. ¿Cómo estas dinámicas impactan en Argentina? ¿Por qué suben los precios? Hay aspectos coyunturales y razones estructurales”. El investigador de FCAyF – UNLP y miembro del Instituto Tri Continental sumó datos para ensayar una respuesta: “Argentina en lo que es la distribución de alimentos tiene enormes gastos de logística. Hay un exceso de agentes intermediarios que no necesariamente agregan valor pero sí aumentan el precio”. Luego tomó la palabra Dina Sanchez, quien forma parte de la UTEP. Dina resaltó el rol clave que ocupa la organización en la vida del pueblo: “Si no fuera por los comedores o merenderos populares muchas familias no tendrían qué comer” contó. Y sumó su impresión e indignación: “¡En un país como Argentina, productor de alimentos, no se puede pasar hambre!”. Desde Brasil compartió la mesa Ana Paula Perles, miembro del Movimiento de Trabajadores sin Techo, quienes vienen construyendo el proyecto de Cocinas Comunitarias en varios estados de Brasil, y se encuentran frente al desafío de la transformación de esta iniciativa en política pública. “Se va a tratar el proyecto de ley para la construcción de 10.000 cocinas comunitarias”. Ana cerró planteando la necesidad de aprovechar estos cuatro años de Lula «para que el fascismo como el de Bolsonaro no vuelva, cuatro años para terminar con el hambre en Brasil”. Por su parte, Marcos Filardi, quién sintetizó la idea de la multicausalidad de la crisis alimentaria por la que atraviesa toda la región,  aclaró que “necesitamos otros modos de ser y de habitar nuestros territorios, que vayan de la mano con la agricultura familiar campesina e indigena”.  Marcos, miembro de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA, aseveró: “La salida es la lucha y la lucha es la soberanía alimentaria”.

La segunda mesa se llamó “El desafío de la soberanía alimentaria en el Cono Sur”. Participaron Anderson Amaro, Movimiento de los Pequeños Agricultores (Vía Campesina Brasil – Cloc. Brasil, Camila Montecinos, Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas . Chile, Salete Carollo. Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra. Brasil y Diego Montón, Movimiento Nacional Campesino Indígena – Somos Tierra . Argentina.

Anderson del MPA resaltó el Atlas como herramienta para los movimientos campesinos, cuya potencia es no solo la de dar un diagnóstico del modelo agroalimentario, contener infografías que facilitan el análisis en los espacios de formación de los sectores populares, además consideró que es un Atlas de las alternativas para la construcción de sistemas alimentarios más justos y soberanos que ya están sucediendo. Y uno de los mayores desafíos  al que nos enfrentamos, es lograr que el pueblo acceda en cantidad y calidad a esa alimentación que se produce desde los sectores campesinos. La agroecología no puede ser solo para los sectores de la clase media, mientras los sectores más empobrecidos se quedan con lo que la agroindustria ofrece, productos que enferman. Hay que romper el cerco y llegar con alimentos sanos y precios más justos para todos y todas. 

  

“La agricultura indígena, campesina y artesanal debería estar en el centro como garante de la alimentación del pueblo chileno” comenzó diciendo Camila Montecinos, miembro de ANAMURI. Pero, aclaró: “sabemos que la lucha es larga. Necesitamos un sujeto colectivo organizado.” Además, sumó una definición clave en los tiempos que corren: “La lucha por la soberanía alimentaria es una lucha por la democracia”. Luego, desde el MNCI – Somos Tierra, Diego Montón agregó:  en la disputa por el modelo agroalimentario  “tiene que haber una normativa específica para la agricultura familiar campesina” ya que “no puede cobrarse el mismo impuesto que paga un gran empresario que un pequeño productor”. 

Salete Corollo, de la dirección nacional del MST, trayendo la experiencia de Periferia Viva, resaltada en el Atlas, defendió la necesidad de ir más allá de las cocinas comunitarias, hacia la transformación de esos espacios como lugares de formación política y organización popular. Esos espacios y los proyectos de los movimientos campesinos para producir alimentos, deben articularse en una disputa por un proyecto de sociedad.

Una sociedad en la que todos y todas coman, todos los días, alimentos sanos y soberanos

La Margarita II

 Para llegar a ella hay que atravesar el estacionamiento de la Facultad de Medicina de la UBA. Carlos Briganti es quien la imaginó, la peleó y se encuentra al frente de este proyecto con proyección nacional que busca recuperar espacios considerados pasivos urbanos para la producción de alimentos libres de agrotóxicos y fertilizantes artificiales

En un costado del estacionamiento de la facultad de Medicina de la UBA, Azcuénaga 951, funciona desde 2018 un bar saludable y un poco más al fondo una huerta urbana, La Margarita II. Fue inaugurada hace un año y además de ocuparse de cultivar verduras saludables es la primera Escuela de Agroecología Urbana de Argentina.

Entre plantas ornamentales se encuentran en la tierra remolachas, albahacas, calabazas, todo cultivado sin fertilizantes artificiales ni venenos. Producción saludable en medio de la urbe. El entorno es también escenario de actividades vinculadas con la tierra y la soberanía alimentaria. El 13 de abril, por ejemplo, se presentó allí el Atlas de los sistemas alimentarios del Conosur, con una actividad que contó con la presencia de activistas por la soberanía alimentaria argentinos, uruguayos y Brasileños.

 

En ese entorno saludable, Carlos Briganti, fundador de esta escuela explicó el proyecto: “Estamos en la primera escuela de agroecología urbana de la república argentina, así como suena, Las margaritas 2”. Este uruguayo que pasa de los 60 años y que llegó al país a los 21 señala, no sin un dejo de orgullo por lo logrado, que “Estamos trabajando acá, en la universidad pública, con el bar saludable, produciendo kilos de alimentos sanos, seguros, saludables, sin ningún tipo de pesticidas, en pasivos ambientales. Algo que debería ser noticia a nivel nacional y no lo es porque no es sensacionalista, por lo que no tiene acceso a la prensa.”

El concepto de Pasivo Ambiental puede definirse como aquella situación ambiental en la que hemos intervenido como humanidad y generado un deterioro progresivo en el suelo, en el aire, en el ambiente en general. En esta definición entran prácticamente todos los espacios urbanizado de forma extrema, con la ciudad de Buenos Aires a la cabeza, y en particular, esos rincones céntricos asfixiados por el tránsito, el cemento y la polución.

“Aquí le enseñamos a ese 95% de la población de la república argentina que vive hacinada en las ciudades, quien es la UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra), qué produce la UTT, como se producen alimentos sin pesticidas, a quien hay que comprarle. Nosotros trabajamos en eso, somos un eslabón importante de la concientización”, agregó Briganti.

 

Asegura que cuando una persona tiene una huerta cambia su visión del mundo y afirma que el solo hecho de tener una compostera en casa aporta a la sociedad reducir el impacto de los residuos a la mitad. Y asegura que los cambios no se quedan ahí, porque la sorpresa viene cuando se disfrutan de los primeros limones cultivados en la terraza.

La escuela tiene las puertas abiertas para quienes se quieran adentrar en estas técnicas: “Esta herramienta pedagógica que tenemos en una universidad pública que prepara los futuros médicos, mostrándoles qué es una acelga, una berenjena y una remolacha, qué diferencia hay entre un producto tratado con pesticida y uno tratado en forma natural, tiene las puertas abiertas para todos aquellos, aquellas que quieran iniciar el curso de huertera o huertero”. Para inscribirse, conectarse a través de las redes (https://www.facebook.com/elrecicladorurbano)

 


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