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«Amigos por el Viento» Liliana Bodoc

Escrito por el 16 de octubre de 2021

En «Son & Se Hacen» leímos «Amigos por el Viento» de Liliana Bodoc y escuchamos «Hojas de Tilo» de Ana Prada

Amigos Por el Viento
A veces, la vida se comparta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. 0 las costumbres cotidianas.
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos ensucian los ojos con los que vemos. Es decir, los verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan pape[es escritos con una letra que creemos reconocer.
EI cielo se mueve mas rápido que las horas. Y lo peor es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la calma.
Así ocurrió el día que papa se fue de casa. La vida se nos transformo en viento casi sin dar aviso. Recuerdo la puerta que se cerro de tras de su sombra y sus valijas. También puedo recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol mientras mama cerraba las ventanas para que, adentro y adentro, algo quedara en su sitio.
– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Que te parece?
-Me parece bien -mentí.
Mama dejo de pulir la bandeja, y me miro:
– No me lo estas diciendo muy convencida
– Yo no tengo que estar convencida.
-¿Y eso que significa? -pregunto la mujer que mas preguntas me hizo a lo largo de mi vida.
Me vi obligada a levantar los ojos del libro:
-Significa que es tu cumpleaños, y no el mío -respondí.
La gata salió de su canasto, y fue a enredarse entre las piernas de mamá.
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. Pero que ese novio tuviera un hijo era una verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba mi vida. Otra vez había viento en el horizonte.
-Se van a entender bien -dijo mama-. Juanjo tiene tu edad.
La gata, único ser que entendía mi desolación, salta sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena.
Habían pasado varios años desde aquel viento que se llevó a papa. En casa ya estaban reparados los danos. Los huecos de la biblioteca fueron ocupados con nuevos libros. Y hacia mucho que yo no encontraba gotas de llanto escondidas en los jarrones, disimuladas como estalactitas en el congelador. Disfrazadas de pedacitos de cristal. «se me acaba de romper una copa «, inventaba mamá que, con tal de ocultarme su tristeza, era capaz de esas y otras asombrosas hechicerías.
Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y a pasear juntas en bicicleta, aparecía un tal Ricardo y todo volvía a peligrar.
Mama saco las cocadas del horno. Antes del viento, ella las hacia cada domingo. Después pareció tomarle rencor a la receta, porque se molestaba con la sola mención del asunto. Ahora, el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que volviera a hacerlas.
Algo que yo no pude conseguir.
– Me voy a arreglar un poco -dijo mamá, mirándose las manos-. La único que falta es que lleguen y me encuentren hecha un desastre.
-¿Que te vas a poner? -le pregunte, en un supremo esfuerzo de amor.
-EI vestido azul.
Mama salió de la cocina, la gata regreso a su canasta. Y yo me quede sola para imaginar lo que me esperaba.
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar las cocadas. Y los pedacitos de merengue se quedarían pegados en los costados de su boca. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón cuando se lavara las manos. Iba a hablar de su perro con el único propósito de desmerecer a mi gata.
Pude verlo transitando por mi casa con los cordones de las zapatillas desatados, tratando de anticipar la manera de quedarse con mi dormitorio. Pero, mas que ninguna otra casa, me aterró la certeza de que sería uno de esos chicos que, en vez de hablar, hacen ruidos: frenadas de autos, golpes en el estomago, sirenas de bomberos, ametralladoras y explosiones.
– j Mama! – grite, pegada a la puerta del baño.
-¿Que pasa? -me respondió desde la ducha.
-¿Como se llaman esas palabras que parecen ruidos?
EI agua caía apenas tibia, mama intentaba comprender mi pregunta, la gata dormía y yo esperaba.
-¿Palabras que parecen ruidos? -repitió.
-Sf -y aclare-: Pum, Pial, Ugg. ..
iRing!
-Por favor -dijo mama-, están llamando.
No tuve mas remedio que abrir la puerta.
-¡Hola! -dijo Ricardo, asomado de tras de las rosas.
Yo mire a su hijo sin piedad. Como lo había imaginado, traía puesta una remera ridícula y un pantalón que Ie quedaba corto.
Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como si no se hubiese arreglado. Así Ie pasaba a ella. Y el azul Ie quedaba muy bien a sus ceJas espesas.
– Podrían ir a escuchar música a tu habitación – sugirió la mujer que cumplía anos, desesperada por la falta de aire.
Y es que yo me lo había tragado todo para matar por asfixia a los invitados.
Cumplí sin quejarme. EI horrible chico me siguió en silencio.
Me senté en una cama. ÉI se sentó en la otra. Sin duda, ya estaría decidiendo que el dormitorio pronto sería de su propiedad. Y que yo dormiría en el canasto, junto a la gata.
No puse música porque no tenía nada que festejar. Aquel era un día triste para mi. No me pareció justo, y decidí que también el debía sufrir. Entonces, busque una espina y la puse entre signos de pregunta:
-¿Cuanto hace que se murió tu mamá?
Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo.
– Cuatro años – contesto.
Pero mi rabia no se conformó con eso:
-¿Y como fue? -volví a preguntar.
Esta vez, entrecerró los ojos.
Yo esperaba otra cualquier respuesta, menos la que llegó desde su voz cortada.
– Fue .. . , fue como un viento -dijo.
Agache la cabeza, y deje salir el aire que tenía guardado. Juanjo estaba hablando del viento, -sería el mismo que paso por mi vida?
-¿Es un viento que llega de repente y se mete en todos lados? – pregunte.
-Sí, es ese.
-¿Y también susurra … ?
-Mi viento susurraba -dijo Juanjo-. Pero no entendí lo que decía.
– Yo tampoco entendí.
Los dos vientos se mezclaron en mi cabeza.
Pasó un silencio.
-Un viento tan fuerte que movió los edificios -dijo el-. Y eso que los edificios tienen raíces…
Pasó una respiración.
-A mí se me ensuciaron los ojos -dije.
Pasaron dos.
-A mi también.
-¿Tu papa cerró las ventanas? -pregunte .
-Sí.
-Mi mama también.
-¿Por qué lo habrán hecho? -Juanjo parecía asustado.
-Debe haber sido para que algo quedara en su sitio.
A veces, la vida se comporta como el viento: desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se Ie entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. 0 las costumbres cotidianas.
-Si querés vamos a comer cocadas -Ie dije.
Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común. Y quizás ya era tiempo de abrir las ventanas.

 
 
 
 
 

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