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Operación memoria

Escrito por el 7 de diciembre de 2021

A Diego “bigotes” y a mí nos encomendaron la primera acción como integrantes de la flamante comisión de enlace. En las primeras semanas de enero de 2002 la plaza de Villa del Parque era un hormiguero pateado y sabíamos que otro se había formado en la plaza de Villa Urquiza. Era de noche, probablemente un martes. Ambos en bicicleta armamos un itinerario entre las dos plazas. El recorrido, sin embargo, no fue lineal. En el medio nos encontramos con siete grupos, siete asambleas nacidas en las esquinas. Esa suerte de Big Bang social del 19/20, con el paso de los días iría dando forma a la mayoría de las asambleas que se sostuvieron en el tiempo con acciones concretas, atrayendo, absorbiendo cada una a las expresiones más pequeñas. En esos días no cambió el mundo pero sí la forma de insertarnos en él para muchas y muchos de nosotros.

“Qué boludo, qué boludo, el decreto se lo meten en el culo”

Principal consigna de la noche del 19 de diciembre de 2001

El 19/20 de diciembre de 2001 se produjo en Argentina una revuelta popular con epicentro en los grandes conglomerados urbanos. Fue la respuesta a una que no se reduce exclusivamente al corralito y sus efectos, sino que abarcó otros aspectos, algunos de ellos centrales como la crisis de representatividad. El detonante lo activó Fernando De la Rúa, presidente de la Nación, cuando decidió  firmar el DNU 1678 y declarar el Estado de Sitio por 30 días. La respuesta fue instantánea, tanto que en muchos barrios los cacerolazos, primero puertas adentro y después en las calles, comenzaron antes que terminara la cadena nacional. De la Rúa logró lo opuesto de lo que pretendía, en lugar de encerrarse atemorizadas, decenas de miles de personas salieron a las calles rechazando la medida represiva. En las avenidas de los barrios porteños vecinas y vecinos, cacerola o cualquier cosa que hiciera ruido en mano, rompieron el imaginario alambrado que separaba la vereda de la calle y comenzaron a encender fuegos esquina de por medio. Algunos en algún punto comenzaron a andar y fueron juntándose, se plantearon un destino cercano, luego otro y finalmente una multitud llegó a Plaza de Mayo. Esa noche las fuerzas de seguridad comenzaron a disparar y asesinar. Esa misma noche la pueblada estuvo de parto múltiple y entre otros nacimientos se produjo el “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo” y las asambleas.

Pero no es nuestra intención detenernos en lo que ocurrió ese día de 48 horas ni en sus prolegómenos, en algún caso identificables acciones, en otros simplemente argumentos de quienes pretendieron ser el padre de la criatura. Nuestra intención es poner la mirada en lo que ocurrió después, particularmente en la propuesta asamblearia a la institucional.

¿Por qué? Porque la explosión social que se expresó en decenas de asambleas en todo el país recreó herramientas y las adaptó a las necesidades de pueblos y comunidades, herramientas que perduran hasta el presente. Porque ese proceso ha sido ignorado, cerrado al 19/20, a lo que no debemos volver, o visto como prolegómeno de lo que vendría después y traería la reinstitucionalización.

“Si yo decía lo que iba a hacer no me votaba nadie”

Carlos Menem

Se puede afirmar que la mayoría de las asambleas del AMBA nacieron entre ese miércoles 19 de diciembre y los primeros días de enero. Los protagonistas tenían un componente social que incluía trabajadores ocupados y desocupados, pero también a un sector de la clase media urbana empobrecida y empujada al hartazgo por dirigentes políticos y gremiales. El cuestionamiento que implicó la frase fuerza “Que se vayan todos” estuvo dirigido a toda forma de delegación o representación. Tomarlo literalmente o cerrar el sentido solamente sobre la clase política o los gremialistas es recortar el alcance de la crisis. Todo lo instituido fue cuestionado, los medios de comunicación masiva y sus comunicadores estrella, los dirigentes, los intelectuales, los profesionales, el clero, la reciente, la historia oficial y todo fue cuestionado porque estaba estallado. En los primeros meses de 2002, la Dra. Ana María Fernández aportaba su opinión sobre lo que estábamos protagonizando y en particular sobre “Que se vayan todos”: “Allí donde para algunos radicaría la limitación de este movimiento es donde abrevaría su potencia. Su importancia no estaría en la literalidad de una propuesta, sino justamente en el vacío que deja cuando reclama aquello que no es posible. Vacío de sentido que desde sus errancias necesarias y a partir de las latencias que provoca- demanda un desafío colectivo: la ineludible invención de lo por-venir”.

No fue un momento de No-política o Pre-política, tampoco se buscaba reinventar la rueda, esta es una caracterización más reciente de los colectivos, lo que imaginábamos eran  nuevos caminos.

“Tomemos nuestros asuntos en nuestras manos”

Frase complementaria del que se vayan todos

Inicialmente las asambleas se convirtieron en un fantástico medio de comunicación a partir de la revalorización del diálogo y con ella, la consiguiente revalorización de la palabra, dicho esto en más de un sentido. Porque en las asambleas se retomó la posibilidad de pensar fuera de la impuesta, sin limitarnos a responder interpelaciones, a partir de intereses propios, lo que brindó matices, una heterogeneidad inimaginable dentro de bloques ideológicos predefinidos. El principio de las asambleas fue tumultuoso, las intervenciones fueron dispares, muchas veces sin conexión entre ellas. Pero a todas las caracterizó desde un primer momento la radicalidad de los reclamos y el rechazo visceral a las formas tradicionales de hacer política.

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En  estas asambleas urbanas se podía encontrar multiplicidad de edades, género, inserción  laboral,  nivel educativo o experiencias políticas previas. Así pues, una de las características  distintivas  de las asambleas es su alto grado de heterogeneidad, el diálogo permanente y transversal entre las  diversas prácticas y corrientes de opinión al  interior  del  campo  popular. Con el correr de los días, cientos de vecinos y vecinas confluyeron en proyectos colectivos diversos desde su  propia acción cotidiana como una instancia fundamental de aprendizaje vivencial.

En estas siembras se identifican algunas herramientas comunes a las que se echó mano en ese primer año:

– autoconvocatoria. Con la que se marcó el territorio dejando fuera a los partidos políticos. Los integrantes podían participar como vecinos pero no orgánicamente.

– Horizontalidad. Permitió que la palabra y los tópicos fluyeran. Permitió la igualdad en los diálogos borrando los roles de poder que habitualmente los marca. Limitó la representación.

– Autogestión. Los recursos con los que se hacía todo eran propios y surgían de los aportes de los mismos asambleístas u organizando actividades para tal fin

– Autonomía. Fue declarada una y otra vez, autonomía de los partidos políticos y de las instituciones del Estado, necesaria para poder imaginar otro tipo de sociedad.

– Solidaridad. Permanente para construir con otros y otras, pero no para otros y otras.

– Criticidad. Tamizaban y objetaban. Deconstruían historias, héroes y prohombres. Y construían nuevas versiones a partir de la crítica.

Con estas herramientas, con este “cómo” se sembró alegrías, expresiones culturales y el Big Bang tuvo la potencia de transformar conductas sociales y personales.

“Los crecimientos colectivos construyen sujetos, los crecimientos individuales constituyen grupos, vanguardias, élites.”

Isabel Rauber-2009

 

De Parque Centenario a las Asambleas Autónomas
Las asambleas urbanas del AMBA tuvieron dos instancias de articulación. La primera fue la que se dio cada domingo en Parque Centenario en la que llegaron a participar alrededor de 5.000 personas en una suerte de asamblea de asambleas.

¿Cómo llegamos a ese espacio de articulación? Embretados por los partidos políticos de la izquierda tradicional argentina. La elección respondía a motivos ajenos a las y los asambleístas. Cerrados los caminos para la participación orgánica dentro de cada asamblea, en el espacio propuesto resultaba a priori factible de incidir en las decisiones colectivas. Y eso fue lo que terminó ocurriendo, por lo menos en la intención. Cada domingo terminaba con un rosario de actividades, casi todas marchas, a realizar hasta el sábado siguiente, “votadas” por una mayoría circunstancial.  

Pero Parque Centenario nunca fue una de segundo grado, sino una instancia de articulación, como quedó dicho, y lo que se resolviera allí, no era un mandato para las asambleas. Cada una lo tamizaría posteriormente según su propia agenda. Terminó convertido en arena de lucha de esas mismas agrupaciones y el tironeo no hizo más que destruirlo entre junio y julio de 2002.

Esta situación no tomó de sorpresa a buena parte de los y las asambleístas, de manera que antes que se produjera la destrucción del espacio, un buen número de asambleas ya imaginaba colectivamente otro, el cual contó con amplio consenso. Nació así el espacio de Asambleas Autónomas que resultó una herramienta útil para el movimiento asambleario, por lo menos hasta 2005. El nuevo espacio ahorró en tensiones y límites y permitió el crecimiento de las asambleas que lo integraron, que acumularon discusiones y conocimientos. Crecieron las comisiones y con ellas la presión que se podía ejercer para alcanzar algunos objetivos. El espacio de articulación pasó a ser mensual y rotativo, por lo que se espació y perdió la centralidad que tuvo el Parque Centenario. También promovió la socialización más acabada de experiencias.

“Un recorrido, así sea meramente enunciativo, de las distintas resistencias (…) no es sólo un inventario, ahí se adivinan, más que presentes, futuros”

Subcomandante Marcos

Resulta difícil abordar todo lo realizado por estas asambleas del AMBA en cinco años, mucho de lo cual se comenzó a hacer en ese primer año. “Es interesante observar también el vertiginoso avance en la calidad de las propuestas. De la bronca, la queja, el testimonio angustiado de situaciones personales, a propuestas -que en algunos casos- llaman la atención con su originalidad.”, escribía Ana María Fernández en los primeros meses de 2002.

Vértigo, es probable que la expresión defina el ritmo con el que se hicieron innumerables acciones, que se concretaron sin perder de vista las herramientas que acuñaban.

Somos conscientes que cada una de las experiencias que evocaremos no son las únicas que se produjeron y a su vez ameritaría cada una, un desarrollo propio.

Salud – Se creó la comisión de Intersalud que nucleó las diferentes comisiones de cada asamblea.  Compartieron conocimientos y trabajaron políticas sanitaristas

Privatizadas – Se llamó “Comisión por el control de los servicios de empresas públicas privatizadas”. Allí nacieron las propuestas de resistencias a los tarifazos y un borrador para la recuperación de Aguas Argentinas

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Deuda externa – Las asambleas partieron de la lucha de Alejandro Olmos y el fallo del Juez Ballesteros para caracterizar la deuda. La conclusión fue el no pago de la deuda externa

Economía social solidaria – Se generaron varios colectivos que conformaron pequeñas cooperativas. Se promovieron mediante acciones concretas (ferias, venta directa) sus productos y se incorporó el concepto de precio justo y consumo responsable

Cartoneros – Las asambleas realizaron un censo propio en el que se determinó que en 2002 cada día venían 40.000 personas a la Capital a hacer un peso recuperando residuos. La comisión de Cartoneros y Vecinos forzó campañas de vacunación antitetánica y participó junto a estos trabajadores en instancias de diálogo con el gobierno de la ciudad. La actividad de la comisión cerró en 2005 acompañando a un grupo de trabajadores cartoneros al Segundo Latinoamericano de Recicladores en San Leopoldo, Brasil

Comunas – La comisión de Comunas realizó un trabajo de análisis y comparación de algunas organizaciones comunales a nivel global y desarrolló una propuesta propia.

Fábricas recuperadas – Las asambleas en todo el país acompañaron todas las recuperaciones que se dieron en el periodo. Pero más allá del acompañamiento directo, el cambio de actitud a partir del 19/20 aceleró los procesos de recuperación de fábricas. Esta última opinión se desprende de lo que muchos de esos trabajadores han manifestado en estos años.

Articulación con movimientos de desocupados – “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”. Hubo reuniones en Roca Negra para realizar acciones en común. Algunas asambleas acompañaron la protesta del 26 de junio de 2002 y esa noche, más de 3.000 asambleístas salieron a la calle para reclamar justicia.

Inter-Tomas – Muchas asambleas del AMBA recuperaron espacios, edificios, comercios abandonados. Las tomas se hicieron con la participación solidaria de otras asambleas. Se generó una red de abogados para la defensa legal de las tomas.

Justicia – Varias asambleas marcharon cada jueves a Tribunales hasta que cayeron los integrantes de la Suprema Corte. No fue magia, tampoco el generoso accionar de un gobierno. Los cambios institucionales que se produjeron en ese periodo se lograron en las calles.

El alimento en las asambleas fue cocinado en ollas populares y charlas entre todos los que compartían un plato. La olla de Bajo Belgrano perduró en el tiempo, aún después que el espacio de articulación asambleario había desaparecido y fue un hito de solidaridad reprimido directa o indirectamente en varias ocasiones.

También se cultivó la tierra allí donde se pudo, como en la Huerta Orgázmica de Caballito o la de la asamblea de Saavedra.

Las asambleas articularon, visibilizaron y participaron en movilizaciones a casas de provincias en Buenos Aires acompañando a todas los colectivos que resistieron la minería a cielo abierto, el envenenamiento por fumigaciones, vertederos de  todo tipo de venenos, contaminación de ríos, arroyos, lagos.

Fueron también caja de resonancia ante las violaciones de y acompañaron las luchas históricas sostenidas por los organismos.

En el ámbito asambleario se realizaron charlas de todo tipo y hubo cabida para resignificar expresiones culturales ocultadas y espacio para las nuevas.

A modo de cierre de este recorrido volveremos sobre la importancia que tuvo para las asambleas la comunicación y sus medios. Se produjeron volantes, boletines, periódicos, radios abiertas. Se realizaron talleres sobre concentración de medios y la importancia de ahondar en experiencias de medios de comunicación alternativa.

Probablemente el mayor desafío en cuanto a medios fue el QSVT, un periódico formato tabloide que tuvo tres números entre marzo de 2003 y principios de 2004. Fue discutido en detalle para evitar la editorialización implícita en el diseño. Todas las asambleas disponían de la misma cantidad de caracteres para expresarse, todas elegían su foto y por supuesto su tema. Allí se reflejó sintetizada la heterogeneidad del espacio, y también mostró en sus contenidos cómo comenzaba a deshilacharse el espacio y las asambleas.

No hubo una partida de defunción para estas experiencias, simplemente quienes las integraban fueron dando pasos en otras direcciones. “La expropiación de la capacidad instituyente de la sociedad no es necesaria ni exclusivamente un acto de fuerza”, señalan Repupilli y Brambilla en La Fiesta de un País Normal. La reinstitucionalización se puso en marcha en 2003 con la asunción de Néstor Kirchner tomando demandas del 2001 y resignificándolas, entendemos que fue trabajosa, lenta, pero finalmente las instituciones y la delegación y representación volvieron a cobrar sentido para buena parte de quienes participaron de las asambleas.

Muchos otros y otras formaron parte de colectivos con objetivos tan diversos como se pueda imaginar, y de esta forma se constituyeron alrededor de las mismas herramientas.

“En el como, veo el contenido”

Isabel Rauber – 2009

En esta nota nos quedan sin abordar las asambleas nacidas en paralelo en otros lugares del país.

Sólo mencionaremos algunas experiencias. En 2002 nace la Asamblea No a la Mina en Esquel y con ella nacen las asambleas No a la Mina en toda la cordillera. En 2003 echan a la Meridian Gold de su territorio y le queda a la provincia de Chubut una ley (5001) que protege el agua y la vida. En 2021 todavía luchan para que no la deroguen los diputados provinciales articulados con los empresarios mineros.

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Lo mismo ocurre en Mendoza en 2007 donde los asambleístas fuerzan una ley (7722) contra la minería a cielo abierto y deben sostener con militancia ese triunfo cada día, al punto que en 2019 también en forma asamblearia deben voltear una ley (9209) que reformaba la anterior y habilitaba el uso de venenos en la provincia. “La 7722 no se toca”, dicen los  y las asambleístas mendocinas.

En diciembre de 2009 nace la Asamblea del Algarrobo, que como sabemos dio una pueblada en febrero de 2010 y una lucha judicial de más de 6 años en la que tuvieron que acampar frente Tribunales en Buenos Aires para que se resolviera un amparo. Las y los integrantes del Algarrobo deben estar en permanente alerta en defensa del agua y la vida, este año han vuelto a ser reprimidos y judicializados.

Durante todos estos años hubo decenas de asambleas defendiendo las vertientes o resistiendo los caminos de montaña en Córdoba, o las más recientes que se oponen a una decena de emprendimientos destructivos de su ambiente en Sierras Chicas.

En 2005 nació la Asamblea de Gualeguaychú, que plantó su lucha contra dos papeleras a construirse en la orilla oriental del Río Uruguay, logró que se fuera una y aglutinó luchas ambientalistas de todo tipo. “Llegamos por las papeleras y nos encontramos con el capitalismo” sintetizó en 2006 uno de los integrantes del Ejército Alpargatista Entrerriano, una de las expresiones culturales de la asamblea.

Y no es la única del litoral, acompañan sus acciones y sostienen demandas propias las de Concordia, Colón, Concepción del Uruguay, Urdinarrain.

Con las mismas herramientas asamblearias, diferentes poblaciones combatieron la expansión o instalación de energía nuclear durante lo que va del siglo. En 2017 fueron los vecinos de Río Negro en asambleas populares autoconvocadas quienes lograron impedir la instalación de una planta de energía nuclear china en su territorio.

Son poblaciones organizadas en asambleas las que aportan a las resistencias contra las fumigaciones. Fue la asamblea de Malvinas Argentinas la que echó a Monsanto en Córdoba en 2013.
En 2006 nace un espacio de articulación que se dan estas asambleas al que llamaron UAC, Unión de Asambleas Ciudadanas que luego cambiará por Unión de Asambleas de las Comunidades. Hasta hoy está activo y en su seno coordinan actividades las asambleas que la integran.  

“Con el futuro detrás”
La Asamblea de Residentes y Concurrentes de CABA se organiza en forma horizontal y por fuera de los sindicatos que agrupan a médicos y profesionales de la salud en general. El 5 de diciembre de 2019 la legislatura derogó una ley que había aprobado una semana antes. El legislativo porteño tomó la decisión después de paros y movilizaciones forzados por el sector. La norma perpetuaba las actuales condiciones de precarización laboral de residentes y concurrentes. El 26 de octubre de 2021 realizamos una a Lucía Moavro, concurrente de psicología en el Hospital Gutiérrez y respecto a su explicó: “Nosotros seguimos con la misma asamblea, que yo siempre digo que es un gran desafío porque todos los años un cuarto de los integrantes egresa y un cuarto entra nuevo, con lo cual es difícil tener caras conocidas y dirigentes de mucho tiempo. Los sindicatos no sólo no nos representan sino que no escuchan nuestras demandas y reclamos”.

¿Si estas asambleas son las mismas de 2002/2005? Claro que no. Ni siquiera en esos momentos eran todas iguales. Lo que tienen en común son las herramientas recreadas a partir de 2002, autoconvocatoria, autogestión, horizontalidad, autonomía, solidaridad, la radicalidad de las propuestas y la búsqueda en ciernes o avanzada de un cambio social emancipatorio como respuesta a una civilizatoria, más evidente hoy que hace 20 años. Y algún componente, rastros del ethos militante de entonces, caracterizado por Maristella Svampa por el rechazo de la democracia delegativa, “surgido al calor de aquellos meses en los que se mezclaban sentimientos de temor e incertidumbre frente a la ausencia de referencias institucionales, y una alegría instituyente de cara a las nuevas experiencias políticas”.

Con el futuro detrás fue el título para unas charlas que propuso en estos días el Instituto Gino Germanni, en el que el eje fue el 2001 y otros movimientos populares que irrumpieron posteriormente en España, 2011 y más recientemente en Chile, 2018.

Y la frase nos parece más que adecuada para nombrar lo que nos hemos propuesto: desocultar lo ocultado, recorrer algunos hitos donde el pueblo organizado horizontalmente lucha tras objetivos concretos. O dicho en palabras de Amador Fernández Savater, hemos intentado una operación de memoria porque creemos que los efectos de lo que irrumpió en 2002 siguen pasando aún. Las asambleas llevan casi 20 años haciendo política e interviniendo en las instituciones, desde afuera de las instituciones. Y en el camino, se gane o se pierda, continúan  cambiándonos, modificando lo más chiquitito de nosotros y en consecuencia, nuestro entorno.

Graciela Gurvitz, Daniel Giovannini – Integrantes de La Colectiva Radio

Para Contrahegemonia


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