Recordamos la Masacre de Tlatelolco.
Escrito por La Colectiva Radio el 3 de octubre de 2016
Recordamos la Masacre de Tlatelolco.
Producida el 2 de octubre de 1968 en el DF de México, fuerzas armadas y parapoliciales asesinaron a una cantidad de jóvenes aún no establecida fehacientemente. Las estimaciones van entre los 300 asesinados y los 500, además de los 1200 heridos y un número también incierto de detenidos y sometidos a vejámenes, tortura psicológica, como simulacros de ejecución y torturas en general. Las víctimas eran estudiantes, profesores y transeúntes. La Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP) del gobierno de México concluyó en 2006 su Informe Histórico donde tampoco consigna cifras certeras.
La periodista mexicana Elena Poniatowska publicó en 1971 "La noche de Tlatelolco"
Así comienza
Son muchos. Vienen a pie, vienen riendo. Bajaron por Melchor Ocampo, la
Reforma, Juárez, Cinco de Mayo, muchachos y muchachas estudiantes
que van del brazo en la manifestación con la misma alegría con que
hace apenas unos días iban a la feria; jóvenes despreocupados que no
saben que mañana, dentro de dos días, dentro de cuatro estarán allí
hinchándose bajo la lluvia, después de una feria en donde el centro del
tiro al blanco lo serán ellos, niños-blanco, niños que todo lo maravillan,
niños para quienes todos los días son día-de-fiesta, hasta que el dueño
de la barraca del tiro al blanco les dijo que se formaran así el uno junto
al otro como la tira de pollitos plateados que avanza en los juegos, click,
click, click, click y pasa a la altura de los ojos, ¡Apunten, fuego!, y se
doblan para atrás rozando la cortina de satín rojo.
El dueño de la barraca les dio los fusiles a los CUÍCOS , a los del
ejército, y les ordenó que dispararan, que dieran en el blanco y allí
estaban los monitos plateados con el azoro en los ojos, boquiabiertos
ante el cañón de los fusiles. ¡Fuego! El relámpago verde de una luz de
bengala. ¡Fuego! Cayeron pero ya no se levantaban de golpe impulsados
por un resorte para que los volvieran a tirar al turno siguiente; la
mecánica de la feria era otra; los resortes no eran de alambre sino de
sangre; una sangre lenta y espesa que se encharcaba, sangre joven
pisoteada en este reventar de vidas por toda la Plaza de las Tres
Culturas.
HD