Aristipo Libros, un oasis en Villa Crespo
Escrito por La Colectiva Radio el 11 de mayo de 2026
En Scalabrini Ortiz 605, en el barrio de Villa Crespo, vive una de las librerías más lindas del mundo mundial: “Aristipo Libros”. Y es una de las más lindas del mundo mundial ni más ni menos que por su olorcito a libro usado, gastado y viejo, que nos convoca con toda la alegría que genera lo compartido, donde lo muy toqueteado, lo muy subrayado, lo muy escondido entre páginas y renglones nos hace sentir un poquito parte de Aristipo, que además de chorrearse de libros, historias y encuentros, te lleva al más íntimo conjuro de sentirte en casa casi sin darte cuenta.
En “Voces desde La Paternal” nos sumamos al hechizo y conversamos con su creador, Patricio Rago: escritor, librero y ex jugador profesional de hockey, que acaba de publicar “Homo Ludens”, una novela que rescata escenas deportivas protagonizadas por un grupo de amigos, donde se cruzan el hedonismo, las preguntas por los vínculos, la sensibilidad y la apuesta por lo colectivo.
—¿Cómo surge este proyecto de tener una librería de usados en Villa Crespo?
“En el 2010 volví de Barcelona. Había estado un tiempo viviendo allá y tenía que resolver un poco mi materialidad. Creo que el primer impulso siempre fue bueno: ‘De algo tengo que trabajar’.
Literalmente no era dueño de campos ni propiedades, no me tocó esa suerte en esta vida, así que había que trabajar. Ya conocía el mundo del libro usado porque siempre fui un ávido lector de usados. Conocía las librerías de calle Corrientes, los parques, las ferias americanas, los galpones donde vendían libros baratos. Ya conocía un poco ese círculo y también había tenido un maestro, un librero de Parque Centenario que se llamaba Hugo, que me fue orientando un poco en este oficio. Entonces dije: ‘Bueno, voy a arrancar’. Y arranqué de a poco a vender libros usados por internet desde mi casa. Eso fue creciendo, empecé a tener clientes y en un momento me mudé al local donde estoy ahora, en Villa Crespo, en Scalabrini Ortiz 605.
Acá fue creciendo la librería y fui creando la librería que yo, como lector, soñaba: una librería especializada en literatura y pensamiento crítico, donde hay una curaduría de los libros que se venden. Esto significa que cuando voy a comprar una biblioteca particular —alguien me llama y me dice: ‘Mirá, se murió mi abuelo y tenía un montón de libros, ¿podés venir a comprarlos?’— voy a esa casa y ahí selecciono los libros que a mí me interesan: autores y autoras que me interesan, literatura, Nabokov, Borges, Onetti, Rulfo, Marguerite Yourcenar, etcétera. Esos son los libros que vendo acá y que recomiendo.
Entonces el proyecto fue creciendo así. Después la librería se fue haciendo más conocida, empezaron a venir escritores, escritoras, lectores, gente de Puán, y se fue armando un lugar de encuentro, una comunidad de lectores y lectoras que vienen cada día a la librería”.
¿Cómo hacés el proceso de selección? ¿Cómo hacés para incorporar un libro dentro de Aristipo? ¿Cómo es tu proceso de curaduría?
“La curaduría básicamente tiene que ver con seleccionar los libros que a mí me interesan, autores y autoras cuyo proyecto de escritura me interesa. Hay clásicos, clásicos contemporáneos, literatura rusa, italiana. Nabokov, Borges, Onetti, Rulfo, Tolstói, Dostoievski, Marguerite Yourcenar, entre otros. Y a partir de esos autores voy seleccionando también las editoriales y los catálogos que me interesan.
Voy armando pensamiento crítico, filosofía, marxismo, historia. Voy haciendo una curaduría y seleccionando, que es un saber que uno va aprendiendo. Ser librero es un oficio que se aprende haciéndolo. No es que haya una universidad o un lugar donde vas a aprender a ser librero”.

Pensaba en esto de abrir un libro comprado quizás en una feria y encontrarte una frase o un papelito adentro. ¿Te pasó alguna vez encontrar algo raro dentro de un libro?
“Sí, un montón. De todo. Es un momento muy hermoso cuando compro una biblioteca. Me traigo 200 libros, las bolsas, y en un momento, cuando estoy en la librería, las abro. Es muy emocionante porque medio que me olvidé lo que compré. A veces siento que soy como un nene en Navidad, abriendo bolsas y diciendo: ‘Uh, qué bien este libro’. Ahí decido qué cosas me quedo, qué cosas no, y también abro los libros para ver si están rotos o si tienen papeles adentro. Encontré muchísimas cosas. Una vez encontré una carta tremenda de un padre a un hijo, donde le pedía por favor que lo perdonara, que él no le había hecho lo que le habían dicho que había hecho. Después encontré boletos de tranvía, entradas de cine, recortes de diario, billetes viejos, servilletas con anotaciones.
La biblioteca es un lugar donde los lectores y lectoras guardamos un montón de cosas. Lo hacemos de forma natural, sin darnos cuenta, y eso es muy emocionante.
Tengo una bolsa donde voy guardando esos papelitos y después, en mi primer libro, ‘Ejemplares Únicos’, donde cuento historias de la librería y de cuando voy a comprar bibliotecas, le pongo a los ejemplares que vendo uno de esos papelitos. Es una especie de juego. La gente viene y me dice: ‘Che, encontré un recorte de diario de 1954’. Y yo les digo: ‘Bueno, eso es medio el azar’”.

Aristipo no es simplemente una librería donde alguien va a buscar un libro. Me imagino que vos también te integrás a la gente y la gente se integra a vos.
“La gente que viene es, como digo siempre, una especie de club al que vienen las personas que no son aceptadas en ningún otro club. Son personajes muy solitarios que buscan libros y encuentran en la librería un punto de encuentro donde conocen otros lectores y lectoras. Llegan, nos ponemos a charlar y justo entra otro cliente buscando un libro. Entonces se arma una onda, una especie de tertulia. Es mucho más que una librería donde uno va a buscar libros: también hay una experiencia de charla, de conocimiento y de conocer gente. Quienes compran un libro usado están en otra onda. Buscan clásicos, libros agotados, autores desconocidos, ediciones particulares, traducciones específicas o están investigando algo muy puntual. Y también vienen y me cuentan historias de vida, historias muy locas. Son personajes tan extraños que me llevaron a escribir un libro precisamente sobre ellos. A mí me gusta escuchar a la gente. Se sientan acá, en el sillón, y ahí también se van forjando vínculos de amistad”.
¿Qué es la Francachela de Aristipo?
“El 6 de junio es la próxima. La Francachela es como una síntesis de la manera en que entiendo la librería como lugar de encuentro. Es una fiesta en la calle, acá en la librería. Hay vino y empanadas gratis, cortamos la calle Aguirre, hay DJ y se arma una fiesta tremenda donde vienen lectores y lectoras de todos lados. Viene gente de Puán, actores, músicos, escritores, escritoras. A mí me interesa sacarle todo lo acartonado a la literatura. Eso de los viejos tomando un cóctel en el Malba. Eso es mole, amigo. A los lectores también nos gusta divertirnos, conocer gente, bailar, hablar apasionadamente de libros. Dejar de sentirnos especiales porque leemos. Somos personas normales a las que simplemente les gusta leer. Es la fiesta del amor. Hay mucho levante en la Francachela. Por lo menos, si vas, sabés que vas a tener tema de conversación”.

El último libro de Patricio, “Homo Ludens”, nació este año y fue presentado en la última Francachela.
¿Cómo surgió la idea del libro?
“Con este libro me voy completamente a mi otra vida. Porque tuve como dos vidas: una ligada a los libros, a la lectura, a la escritura, a las bibliotecas y a los amigos escritores; y otra ligada al hockey sobre césped. Desde muy chico fui siempre al mismo club, el Club San Martín, y jugué toda mi vida ahí. Entonces siempre estuve entre el mundo del deporte y el mundo de la literatura. La novela narra las aventuras de un equipo masculino de hockey sobre césped. Cuenta toda la épica de lo que pasa dentro de la cancha: jugar un campeonato, perder un partido sobre la hora, los conflictos con la derrota, el fracaso, los miedos, las lesiones, el pensamiento mágico. Y también cuenta todo lo que pasa fuera de la cancha: los asados, las giras, el vestuario, los terceros tiempos, cómo se van construyendo los vínculos de amistad y comunidad. Es una novela donde trabajé mucho el humor y esa cuestión animal que tiene el deporte y el juego. Entender al ser humano desde su capacidad de jugar y de vincularse. Me parecía interesante narrar un universo que no está tan contado: el deporte, esos vínculos de amistad entre varones y la ternura que hay ahí. Verse llorar, compartir las duchas, acompañarse desde chicos. También había algo entrañable en jugar un deporte minoritario como el hockey sobre césped. Cuando era chico, los de rugby nos decían: ‘Ustedes juegan al deporte de las minas’. Me parecía lindo trabajar desde la literatura esa pasión de pertenecer a un equipo, levantarte un domingo con frío para ir a jugar. Algo que también aplica al básquet, al vóley, al handball o al fútbol”.

¿Qué significa para vos Aristipo?
“Yo siento que esta librería es como un oasis. Está sonando Mozart, está el olor al libro usado y la gente entra toda enloquecida de la calle y se pone a charlar. Creo que es un lugar donde la gente se va transformada. Eso es muy poderoso, poder darle a alguien un descanso en este mundo de tanta celeración e individualismo. Así fue construido y así hay que sostenerlo: entendiendo el mundo de la cultura como una experiencia colectiva, donde se forman vínculos y donde hay que organizarse para que todos estemos mejor”.
Nos despedimos de Patricio Rago con la adrenalina en el cuerpo de quien habla con pasión, con ganas de correr hacia Aristipo y nadar entre libros, y con la certeza de que siempre habrá alguien ahí para recibirnos y conversar.
Entrevista Completa a Patricio Rago de Aristipo
Aristipo Libros: Scalabrini Ortiz 605, CABA.
Lunes, miércoles, jueves y viernes de 16 a 19.30. Martes de 11.30 a 14.
Próxima Francachela: 6 de junio, de 20 a 1:30
Instagram: @aristipolibros
(Fotografías internas y de portada tomadas de Página 12)
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