Canción actual

Título

Artista

Programa actual

Música Colectiva

00:00 10:00

Próximo programa


De la soledad a la alegría

Escrito por el 22 de diciembre de 2023

Después de una jornada tensa, llena de amenazas, algunas con uniforme, otras simbólicas como es “el que corta no cobra”, en cadena nacional se difundió un discurso grabado de Javier Milei anunciando un paquete de medidas a implementarse a través de un DNU. El anuncio cargó un poco más la mochila del día. Pero, finalizado el mensaje presidencial, El barrio, hasta ese momento en silencio, comenzó a poblarse de ruidos y gritos. Primero desde los balcones y después por vecinas y vecinos contagiosos de resistencias. Primero fue ganar la calle en Scalabrini y Corrientes y después la caminata hasta el Congreso fue la consecuencia deseada.

Eran casi las nueve de la noche y el barrio se deshacía en murmullos silenciosos que helaban el ambiente de un 20 de diciembre cargado de humedad. Dos chicas entre 17 y 20 años escuchaban en un balcón viejo sobre la calle Vera la cadena nacional, con ese ruido metálico del celular. A lo lejos salia de un local de comida rápida árabe la misma voz, en la misma cadena nacional, por un televisor a todo lo que da.

A pesar del verano y de la calle Corrientes ahí nomás, Villa Crespo en segundos era el barrio fantasma de cualquier cuento o serie de zombis. La voz sin pausa y de forma compulsiva iba derogando leyes y derribando los pocos derechos cumplidos que teníamos. La pobreza, el hambre, la crisis habitacional, la contaminación y el saqueo de nuestras tierras, que ya se venia sosteniendo hace años, terminaba de desatarse en pronósticos cada vez más angustiantes y desoladores: el pueblo pagaba el ajuste y no «la casta».

De repente la voz se calla… un grito, una bocina, una cuchara sobre una botella, un cucharón golpea una cacerola, dos, tres, cuatro cacerolas y un pueblo tiembla. Una vez más un pueblo tiembla y no de miedo.

Después de escuchar la cadena nacional del presidente Javier Milei me quedé un rato en silencio frente a la tele y necesité salir a caminar, tenia que tomar un poco de aire. Caminé hasta llegar a la calle Corrientes. No escuchaba nada, el silencio rebotaba en mi mente como una canilla mal cerrada. Iba de esquina a esquina, de Malabia a Scalabrini, de Scalabrini a Malabia. Eramos solo unos 20 que caminábamos como desorientados en nuestro propio barrio. Me costó sumarme, porque veía poca gente, hasta que en un momento aparecieron de todas las esquinas distintos grupos: personas solas, parejas, gente, mucha gente. Fui para la plazoleta Pugliese donde había un grupo y nos pusimos a aplaudir. Las personas se sumaban espontáneamente como buscando algo perdido y se quedaban donde se encontraban con otras, como si lo perdido fueran tan sólo las ganas descomunales de encontrarse. Ya éramos un montón cortando un carril cuando frenó un taxi en mitad de la calle Corrientes tocando bocina. El quedar cruzado en medio de la avenida nos motivó, casi instantáneamente, sin pensar en protocolos y con la fuerza que da tan solo encontrarnos, a cortar la calle de punta a punta.

A las cacerolas se le sumaron bombos, saltos, abrazos y lucha. Los cánticos iban desde «Milei, basura, vos son la dictadura» hasta «Unidad de los trabajadores y al que no le gusta se jode se jode». Le seguía el grito enardecido de «paro general, paro general». Y de la angustia y la soledad pasé al escalofrío corporal que brinda el contagio colectivo vuelto en el contagio contensivo. Ya no estaba sola con mis pensamientos, ya no había silencio y la desorientación se transformó en complicidad. Los autos y los colectivos tocaban bocina, no nos detuvo ni la policía sacándonos fotos, los balcones se llenaban de gritos y del dolor a la alegría pasó tan sólo un ratito.

Cuando todo parecía ser solo eso, alguien gritó ´vamos al Congreso´ y así, con la emoción en carne viva caminamos. Caminamos por Avenida Corrientes y pensé: «en algun momento va a parar». ¿Va a parar? Caminamos cómo cuando festejamos el mundial. Éramos menos, pero éramos muchos más que menos. Caminamos hasta el Congreso seguras y seguros de que ese era el camino.

Cuando miré a mi alrededor respiré profundo, se iluminó como en un zoom el momento y ví a mi barrio sin fantasmas, ni zombis. Vi a mi barrio exorcizar sus demonios, recuperando su espíritu y ensañado en seguir siendo mi barrio.

Agradecimiento a Carolina Masclans por compartir su experiencia con tanta amorosidad.

(Fotografías tomadas por La Colectiva Radio)

 


Opiniones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *