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Cuento «Tres golpes» de Malena Serur.

Escrito por el 30 de marzo de 2024

Cuento «Tres golpes» de Malena Serur. Voz: Irene Prono Edición: Juan Pablo Berch Texto: TRES GOLPES Terminó de ponerle una hojita de laurel al tuco y tocaron la puerta. Amanda no esperaba a nadie. ¿Quién podía ser? Secó sus manos en el delantal. Tres golpes más, esta vez con más fuerza. -Va! Va! Seguro era el Miguel que se habría olvidado los papeles de la facultad… este chico anda en tantas cosas… esa energía que sólo tiene la juventud, pensó. Bajó el fuego de la hornalla, la salsita humeante ya empezaba a burbujear… cuando volviera de abrir la puerta, le echaría un chorrito de vino… le da ese toque… al Miguel le gusta tanto… Caminó tres pasos y otra vez los golpes. -¡Abra de una vez! Gritaron del otro lado de la puerta… Esa no era la voz de Miguel. ¿Qué habría pasado? Era una voz grave, casi mal educada. No le gustaba el tono. Amanda sabía ser desconfiada de los mandones. -¿Quién es? Preguntó ella, con su voz suave pero firme. Nadie la iba prepotear. Por esos días Amanda sabía que las cosas estaban turbias… que la injusticia se hacía carne y los justos eran perseguidos. -Buscamos a Miguel Portillo, le dijeron. -No está. Y no vuelve. Se ha ido al campo a visitar a su tío. Amanda abrió la ventanita que tenía su puerta justo en el centro… esa abertura con la medida justa… para ver …pero que no te vean tanto. Ahí estaban: eran tres hombres grandotes, camperas negras, afeitados al ras, uno tenía un bigote prolijo, muy negro. No le gustó cómo la miraban. -Señora… intentó ser amable el más alto. El Miguel anda portándose mal… dígale que lo vinimos a visitar.. que si sigue con esas bobadas de estudiante.. la va a pasar mal… Después no diga que no le avisamos ¿Sabe? Amanda cerró los ojos, simuló una semi sonrisa, cerró lentamente la ventana. El olor al tuco ya entraba por la sala. Discó un número en el teléfono. Miguel partió esa misma noche, lo último que hizo fue pasar el pan por la olla del tuco de su abuela. Ese olor y esa salsa volverían a su memoria siempre que lo necesitara, casi como un salvavidas, un faro en medio de tanta noche oscura. Amanda lo esperó por años, siempre con salsa, perfumada de laurel.


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