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Cine, cannabis y derechos: el festival que busca romper los prejuicios desde la cultura

Escrito por el 11 de marzo de 2026

En un momento en el que hacer cine independiente en Argentina se vuelve cada vez más difícil, también crecen los espacios que buscan ampliar las discusiones culturales. Uno de ellos es el FICC – Festival Internacional Cine Cannábico, un evento pionero que desde el cine propone pensar el cannabis más allá de los prejuicios, vinculándolo con debates sobre salud, derechos y políticas públicas.

Entre el 23 de febrero y el 1 de marzo se realizó en Buenos Aires la sexta edición del festival, con la proyección de 30 películas de 15 países y una programación que incluyó conversatorios, talleres, muestras artísticas y encuentros con realizadorxs.

Para conocer cómo fue esta edición y qué lugar ocupa hoy el cine independiente en este contexto sociopolítico, conversamos con Alejo Araujo, director del festival.

Historia del cine y el cannabis

Alejo nos explica que uno de los objetivos del FICC es discutir cómo el cine construyó durante décadas una imagen distorsionada de la planta.

Durante buena parte del siglo XX, el cannabis apareció en la pantalla asociado al delito o al peligro. “El cine fue una herramienta de propaganda muy fuerte durante el prohibicionismo. Había películas donde alguien fumaba un porro y terminaba suicidándose o asesinando a alguien. Era parte de una campaña de desinformación”, señala.

Con el paso del tiempo esas representaciones fueron cambiando. Primero aparecieron producciones contraculturales en los años 60 y 70 y luego el llamado “cine stoner”, ligado a la comedia y a los estereotipos del «fumón». En los últimos años, sin embargo, comenzaron a surgir miradas más amplias vinculadas a los debates sociales y políticos en torno al cannabis.

“El cine refleja lo que las sociedades están transitando”, sostiene Araujo. En ese contexto surgió el festival, con la intención de reunir películas que exploren la temática desde múltiples perspectivas.

Cómo se programa el FICC

La programación del FICC busca justamente ofrecer un panorama amplio. Las películas abordan temas como el activismo, la salud y los usos medicinales, pero también la cultura, los cambios en las leyes, los derechos humanos y las experiencias personales vinculadas al cannabis. «Este año, por ejemplo, aparecieron muchos documentales en primera persona, historias muy íntimas de personas que cuentan su relación con el cannabis», cuanta Alejo.

Cada edición reúne producciones de distintos lugares del mundo. Este año participaron películas de países como Argentina, Uruguay, Brasil, Canadá, Estados Unidos, Corea del Sur y Suecia. Para construir esa programación, el equipo del festival combina una convocatoria internacional abierta con un trabajo permanente de búsqueda.

Es un trabajo de todo el año. Muchas veces tenemos que negociar derechos de exhibición, gestionar o hacer los subtítulos o convencer a los productores de que participen”, cuenta el director. “Nunca proyectamos una película sin permiso. Respetar el trabajo de quienes las hacen es fundamental”.

Alejo recuerda que la primera edición del festival fue casi un ensayo: tuvo apenas una decena de películas y duró tres días. Con el tiempo el proyecto creció hasta consolidar una programación de alrededor de 30 títulos por edición y una comunidad que sigue el festival cada año.

“Nos dimos cuenta de que era un espacio necesario. Hay ferias o debates sobre cannabis, pero discutir estos temas desde la cultura y desde el cine genera otra cosa”, afirma.

Sostener el festival en el contexto actual

Organizar el festival hoy implica también enfrentar las dificultades que atraviesa el sector cultural. Según explica el director, gran parte del trabajo se realiza de manera independiente y con recursos limitados.

En los últimos años además se redujeron apoyos institucionales que ayudaban a sostener algunas de las actividades. “Teníamos pequeños aportes del Estado que para nosotros eran importantes y desaparecieron. No era mucho dinero, pero permitía resolver varias cosas básicas del festival”, cuenta.

A pesar de ese escenario, el equipo decidió mantener la continuidad del evento. “Perder la continuidad sería perder mucho trabajo acumulado. Organizar el festival implica meses de gestión para que durante una semana se puedan ver estas películas”, explica.

Parte de ese esfuerzo también busca ampliar el acceso al público. Por eso, además de las proyecciones presenciales, luego del festival, las películas se exhiben de forma online para que puedan verse desde otras provincias. Se pueden ver hasta el 14 de marzo en la web de Octubre TV.

Un espacio de encuentro

Más allá de las películas, el FICC funciona también como un espacio de encuentro entre cultura, activismo y público. Según cuenta Alejo, con los años se fue formando una comunidad alrededor del festival.

En esta edición, por ejemplo, hubo una fuerte presencia de colectivos y organizaciones vinculadas al activismo cannábico, especialmente grupos de mujeres. Además, se generaron charlas muy interesantes sobre tareas de cuidado, sobre criminalización y sobre cómo estos temas atraviesan especialmente a mujeres y diversidades. En Casa Brandon, una de las sedes del festival, se llevaron a cabo la mesa de debate «Cuerpos criminalizados: drogas, castigos y disidencias» y el conversatorio «Cannabis y tareas de cuidado». Alejo agrega: «Le damos mucha importancia al rol de la mujer como realizadora, que haya espacio para películas realizadas por mujeres, por ejemplo, hubo una película realizada por un colectivo de mujeres en Neuquén».

Las reacciones del público suelen sorprender incluso a quienes hacen las películas. “Hay directores que nos dicen: ‘Este es mi público’. Porque son historias que en otros espacios encuentran más prejuicios. Acá se genera un diálogo distinto”, señala.

El debate sobre la regulación

Además de las proyecciones, cada edición del festival incluye charlas y debates donde aparecen discusiones más amplias sobre políticas públicas y derechos.

En ese contexto, uno de los temas que suele surgir es el de la legalización y la regulación del cannabis. Para Alejo, el primer paso debería ser dejar de criminalizar a las personas usuarias.

Lo primero sería avanzar en una despenalización real del consumo. Hoy todavía se detiene gente por tener un porro encima y eso termina siendo una herramienta de control sobre las poblaciones más vulnerables”, afirma.

Según plantea, el debate debería avanzar hacia modelos de regulación similares a los que existen en algunos países. “Hay experiencias como las de Uruguay o Canadá que muestran que se puede regular el cannabis como se regula el alcohol o el tabaco, con controles del Estado y políticas públicas claras”.

Lo que todavía falta contar

A lo largo de sus seis ediciones, el festival fue construyendo además un catálogo importante de producciones vinculadas al tema. Para Araujo, ese archivo permite observar cómo fueron cambiando las miradas sobre el cannabis en el cine contemporáneo.

Entre los temas que todavía aparecen poco en la pantalla menciona uno en particular: el uso industrial del cáñamo.

“Es una planta con muchísimas aplicaciones —textiles, materiales de construcción, bioplásticos—, pero todavía hay muy poca información sobre eso. Y si la sociedad no lo discute, el cine tampoco lo refleja”, señala.

Cine para cambiar miradas

Más allá de las películas y los debates, el FICC fue consolidándose como un espacio donde cine, cultura y activismo se encuentran para discutir un tema que durante décadas estuvo rodeado de estigmas.

El cine puede jugar un papel importante en ese cambio cultural. Durante mucho tiempo el cine ayudó a construir prejuicios sobre el cannabis. Hoy también puede ayudar a desarmarlos.

Con seis ediciones realizadas y un catálogo creciente de producciones de distintos países, el Festival Internacional de Cine Cannábico apuesta a ese cruce entre cultura y debate público: un lugar donde las historias que llegan a la pantalla permiten imaginar otras formas de hablar —y de pensar— la relación entre sociedad, derechos y cannabis.

Para comunicarte y saber más sobre todo lo que se viene contactá al festival a través de sus redes sociales. 

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