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Barro Útera en La Paternal

Escrito por el 28 de febrero de 2025

Ingresar al taller de Barro Útera en el barrio de La Paternal conjuga en un solo hechizo la energía, el calor, la magia y el hogar que trasmite un mate caliente de mano en mano. La sensación corporal es la de entrar a un lugar que es más que un taller de cerámica y el microclima del espacio hace su juego. Carolina nos abre las puertas al mundo de Barro Útera y cuenta como es su forma de hacer céramica: «Barro Útera es un proyecto que tiene que ver con la cerámica ancestral, no tiene que ver solo con hacer objetos de cerámica, sino más con una cosmovisión y una forma de vida” «La cerámica ancestral no se trata de hacer por hacer piezas, sino en comprometernos en el para qué queremos hacer esa pieza. No es lo mismo llegar a un taller y pensar en que voy hacer 20 tazas, que llegar y pensar para qué necesito una taza, o qué quiero introducir en esa taza o en ese cuenco».


Caro nos brinda una amplia sonrisa y una mirada llena de luz cuando hace referencia al cuenco y expresa: «Yo hago mucho hincapié en el cuenco, porque creo que este es el oficio más antiguo del mundo, tan antiguo como el ser humano y la primera vasija que se hizo salió de manos de las mujeres. Fue una vasija contenedora que parte de un cuenco y está ligado también al útero, porque tiene que ver con contener. La vasija se hizo primero para contener agua y después para contener alimentos. Este oficio fue por miles y miles de años de las mujeres». Relata que fue después que se incorporó el hombre, cuando los pueblos fueron cambiando y alejándose de los lugares arcillosos, donde se necesitaba gente con fuerza que pudiera buscar esos terrones de arcilla. El oficio nace de las mujeres porque han sido quienes siempre se han dedicado a cuidar. El hombre salía a cazar y las mujeres cuidaban los alimentos y el fuego que permitía cocer esos alimentos. Caro pone el foco en lo comunitario de los pueblos originarios: «Poner la olla al fuego era un acto comunitario, había que poner una flor de olla al fuego, porque había que alimentar a muchos y eso es lo que al menos yo desde este oficio trato de recuperar: esa sabiduría, la importancia de volver a eso, la importancia de hacer un cacharro en donde vos le estés poniendo la intención. Para mí el alimento es fundamental».

Para Barro Útera hacer cerámica tiene que ver con la vida cotidiana, por eso se relaciona con los alimentos y con el hacer desde el inicio en forma comunitaria. Expresa: «Para este oficio hay que poner el cuerpo real. Acá se hacen las pastas, no compramos todo hecho, acá se hace el taller desde cero. El que viene a este taller, aprende a hacer la pasta, aprende a hacer las pinturas, no es lo mismo una pasta para hacer una olla, que una pasta para hacer un cuenco. Todo es cooperativo, es en comunidad».



En el taller se determinan días para hacer determinadas tareas, que van desde hacer una pasta hasta hornear, pero todas se hacen entre todes y el aprendizaje es paso a paso, donde los alimentos son parte de la ceremonia del fuego, la tierra y la unidad.

La arcilla tiene una cantidad de componentes propios, que hacen que se pueda modelar y atravesar el fuego. Caro dice: «La cerámica de verdad es cuando pasa el fuego, antes estamos hablando del barro, de arcilla. Además la arcilla es 100% reutilizable: hasta que la pieza no pasa por el fuego, se la mete en un tacho con agua y vuelve a ser barro».

Dentro del taller se hornea a leña siguiendo lo ancestral. Al respecto, Carolina expresa: «Una horneada es en comunidad, no la puede hacer uno solo, es un ritual en donde se involucra el alimento, en donde el que sabe hacer música puede aportar música. Es un ritual donde cada uno aporta una parte y se custodia el fuego. Piensen que la horneada puede durar entre 4 y 6 horas. Se empieza de a poquito con cierto temple, no es que empezamos con un fuego directo, tiene varias etapas y al fuego hay que guardianarlo. No es una cuestión de hacer fuego y meter las piezas en el horno, todo tiene su etapa y su aprendizaje. Hay que estar muy atento, el fuego te pide estar con atención plena porque en donde le pifiaste un poquito suceden cosas dentro del horno que también forman parte. La cerámica nos trae la perseverancia, la paciencia, la frustración, porque es un material vivo de verdad, por eso suceden cosas».

Caro nos cuenta que todo es un proceso y un aprendizaje. Muchas veces se le pone mucho amor y cariño a una pieza y dentro del horno todo puede cambiar, desde transformarse hasta romperse: «Acá le decimos, cuando se entregan al fuego se entregan». Nos dice que si se abre una pieza podes darle una mirada técnica y tecnológica o, por el contrario, preguntarte qué te estaba pasando cuando hiciste esa pieza. Hace hincapié en las manos y en el cuerpo como herramientas principales, como ocurría con nuestras ancestras y la cerámica antigua, donde no había tanta herramienta como ahora y se hacían piezas gigantes. Dice: «Mucha mano y mucho cuerpo. Tenemos las mesas, por supuesto, estamos acostumbrados a herramientas. Pero lo importante es enseñar que la pieza está encima de uno, porque es como este juego de que todo es parte y tiene que ver con todo. Acá, aunque nunca hayas hecho nada con el barro y con la cerámica, te puedo asegurar que en la primer clase lo primero que haces es un cuenco y te salió de una, porque es intuitivo. Si lo corremos de la parte técnica y de formación, es intuitivo, es como una memoria que solo hay que recordarla nada más y eso es lo que tiene esta sabiduría, que es cuestión de recordar y nada más».

Frente a su mesa cargada de historia, llena de huellas y con mucha identidad, Caro afirma: «Te puedo asegurar que si estás un ratito acá con un pedacito de arcilla, algo va a salir con las manos. Si no le ponemos mente y solo es recordar, algo va a salir con las manos». Carolina desafía a jugar con su tono cargado de emoción y con la convicción de que jugar es lo que más le gusta.

Carolina estudió en la Escuela de Cerámica N°1 en la calle Bulnes y hace una diferenciación entre la preparación escolar para una salida laboral como técnico ceramista y la elección de relacionarse con la cerámica desde un punto de vista artístico: “yo me formé en la Escuela de Cerámica de Bulnes, que es y seguirá siendo una escuela queridísima para mí, pero la realidad es que te forma cómo técnico ceramista. Ese título y lo que te enseña la escuela te habilita a que cuando te recibas te puedas poner una fábrica de vajilla y te dan todo para que eso suceda. Lo que pasa es que a los que caemos en la escuela de cerámica nos gusta más la parte artística. Nadie en esta época que vaya a la escuela de cerámica quiere ir a hacer una tecnicatura para ponerse una fábrica de vajilla. Todos quieren más la parte artística. (…) Así como el señor Arranz en su momento creó y trajo este oficio a la Argentina y armó esta escuela de oficios para que la gente tenga un laburo, que estaba muy bien pero ya no pasa eso.”.
Nos cuenta también que en su camino conoció maestros de la cerámica ancestral que no se formaron en la escuela, sinó que fueron aprendiendo en talleres y comunidades en las que la cosmovisión pasa por otro lado y dice que “Barro Útera” no es solo un taller para ir a hacer piezas de cerámica, ya que en el ir y venir comunitario pasan muchas otras cosas.

Respecto a la relación del taller con La Paternal, Caro nos cuenta que “hace un año que estoy acá, recién estoy conociendo el barrio y para mi sorpresa se está abriendo todo un mundo en este barrio de la Paternal. Siento que hay una conexión con muchos artistas, con cosas que están sucediendo todo el tiempo. Se siente una energía muy particular en este barrio. Con esta forma de hacer cerámica estoy todo el tiempo trabajando con lo onírico y no es casual que en este lugar que suceden cosas, tenemos el cementerio de las Chacarita, haya una energía onírica en el aire. Y creo que lo que me conecta en este espacio que es Proyecto Dickman va fluyendo y vamos haciendo conexiones de artistas que para el momento en que estamos no es poco.”
Caro dice que sólo trabaja a pedido, que cada pieza es una conversación con el otro, es un ritual, está personalizada y tiene que ver con lo que representa para esa persona. Dice; «Desde el año pasado estoy trabajando mucho con mujeres que quieren dejar plasmada su maternidad. Entonces en un determinado mes cuando ya se nota la panza, siempre entre los 6 y 8 meses, quien quiera dejar su maternidad plasmada, se hace un proyecto, se parte de un cuenco y se toma el molde de la panza. También se hicieron algunos torsos. Es muy hermoso trabajar con la maternidad y el barro, es algo que me llegó y siento mucha gratitud siempre. Poder sacar el molde de de una panza, de una vida que se está gestando es muy fuerte».

Llegando al fin de la charla le pedimos que nos cuente un poco acerca de las distintas propuestas que ofrece “Barro Útera”. El taller mensual arranca en marzo y la gente se puede inscribir cuando lo desee. Consta de un día por semana que puede ser miércoles o viernes en dos horarios: de 14 a 17 hs o de 18 a 21 hs. También hay talleres mas cortos. En abril empieza el seminario de ollas de barro y a lo largo del año se están preparando muchos mas talleres con maestros invitados, asi que hay que estar atentes a toda la info que circula a través del Instagram @barro_utera

Antes de irnos del taller de Barro Útera, Caro nos invita a conocer el horno y hasta acá puedo contar… lo demas hay que sentirlo. Sólo quien suba esas escaleras y llegue hasta el horno sabrá que el fuego, la magía y lo ancestral laten en ese lugar.

Entrevista Completa a Carolina de Barro Útera 

 

(Fotos tomadas por La Colectiva Radio)


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