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Alerta en el Ballet Estable del Teatro Colón

Escrito por el 17 de octubre de 2026

 

Las y los bailarines rechazan el proyecto de ley del Ejecutivo porteño y advierten sobre la precarización de su retiro.

El Ballet Estable del Teatro Colón se encuentra en estado de alerta tras la presentación por parte del Poder Ejecutivo de la Ciudad de Buenos Aires de un proyecto de ley que busca regular la salida de las y los bailarines de la compañía. La iniciativa, ingresada por la gestión de Jorge Macri el pasado 21 de septiembre, propone la creación de un fondo de retiro transitorio para los integrantes del cuerpo de baile. Sin embargo, desde la compañía señalan que la propuesta dista de ser una solución jubilatoria genuina y genera una profunda inseguridad jurídica y laboral entre sus integrantes. Así lo advirtió la bailarina y abogada Victoria Wolf, integrante del Ballet Estable desde el año 2013, durante una entrevista en La colectiva Radio, donde desglosó los puntos más críticos de la medida impulsada por el gobierno porteño.

El eje central del conflicto radica en la naturaleza jurídica de la propuesta estatal. De acuerdo con lo manifestado por Wolf, el artículo primero del proyecto establece un «fondo de retiro transitorio de carácter no previsional», lo cual desprotege a los trabajadores al no otorgar las garantías propias de un régimen previsional formal. «Nos quieren venir a traer esto como una solución jubilatoria, y la realidad es que no lo es. Basta con leer el artículo número uno del proyecto que establece un fondo de retiro transitorio de carácter no previsional», sostuvo la bailarina y abogada. En ese sentido, la entrevistada explicó que la iniciativa impone la salida de la sala de ensayo a los 40 años de edad, despojando al bailarín y a la bailarina de su actividad principal sin ofrecer la cobertura y protección de un sistema jubilatorio convencional. Esta falta de carácter previsional deja sin respuesta ni regulación aspectos fundamentales como la continuidad de la obra social, las pensiones en caso de fallecimiento o las garantías de cobro ante una eventual desfinanciación del fondo en contextos de crisis económica. «No hay ninguna garantía de nada», alertó Wolf, subrayando la alta imprevisibilidad a la que quedarían expuestos los artistas.

(Fotografía tomada del Ballet del Teatro Colon)

El análisis legal expuesto por la integrante del cuerpo de baile revela además severas contradicciones e incompatibilidades normativas dentro del propio articulado. Aunque desde el oficialismo se presenta la adhesión al fondo bajo la premisa de la voluntariedad, la letra del proyecto establece un descuento obligatorio del 3% sobre los haberes de los trabajadores, el cual se suma a las contribuciones previsionales habituales destinadas a la ANSES. «Te están descontando el 3% al fondo y además el aporte a la ANSES. Si estás aportando obligatoriamente a un fondo, de alguna manera se termina volviendo también obligatorio», expresó la representante del cuerpo artístico. A esta sobrecarga contributiva se añade la prohibición expresa de volver a trabajar en relación de dependencia mientras se percibe el haber de dicho fondo, lo que limita severamente las posibilidades de reinserción laboral de profesionales que son apartados de su disciplina a los 40 años.

Por otro lado, la alternativa contemplada para aquellos bailarines que decidan no acogerse al esquema de retiro transitorio resulta sumamente incierta. Según relataron desde el teatro, la segunda opción ofrecida por el gobierno porteño consiste en la reubicación del personal en otras áreas administrativas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. No obstante, este traspaso carece de reglamentación clara y no contempla una instancia de capacitación previa e indispensable para el desempeño en un nuevo rubro laboral. «Fuera de nuestra zona de confort, que es la sala de ensayo o el escenario, tendrían que ofrecernos capacitaciones o buscar la manera», argumentó Wolf. En esa misma línea, la bailarina reflexionó sobre la realidad del plantel: «Yo soy abogada y quizás desde lo legal puedo, pero si me van a reubicar en otra área tampoco sabría qué hacer si no me ofrecen una capacitación previa. Lo que nosotros sabemos hacer y nuestra zona de confort es estar parados arriba de una punta o agarrados de una barra haciendo funciones».

La problemática se enmarca en un reclamo histórico que la compañía de baile arrastra desde hace tres décadas. Los bailarines del Teatro Colón inician su formación artística y física rigurosa a temprana edad —generalmente entre los 6 y 8 años—, sometiéndose a rutinas diarias de clases, ensayos de extensa carga horaria y entrenamiento especializado comparables a la preparación de atletas de alto rendimiento. Esta exigencia física sostenida provoca un desgaste corporal prematuro que requiere de un tratamiento previsional diferenciado. Hasta el año 1994, momento en que la Ciudad de Buenos Aires obtuvo su autonomía y la caja municipal fue transferida a la órbita nacional de la ANSES, los bailarines del Colón contaban con la Ley 2040, un régimen especial que permitía el retiro voluntario a los 40 años de edad habiendo acreditado 20 años de aportes. Tras la derogación implícita de dicha norma para el ámbito porteño —que aún continúa vigente en otros cuerpos de baile estatales del país, como los del Teatro Argentino de La Plata o el de Bahía Blanca—, los integrantes del Ballet Colón quedaron supeditados al régimen general de jubilación, que fija la edad de retiro en 60 años para las mujeres y 65 para los hombres.

(Fotografía tomada de la red social instagram @balletestableteatrocolon)

Más allá de la controversia técnica y legal, la compañía enfatiza el impacto artístico negativo que ocasionaría la expulsión obligatoria a los 40 años. El Ballet Estable cuenta actualmente con un plantel de 83 bailarines en relación de dependencia, complementado por trabajadores en situación de contratación transitoria. Según explicó Wolf, en una compañía centenaria que celebró sus 101 años de trayectoria, no solo se requiere de jóvenes primeros bailarines abocados al virtuosismo técnico de grandes saltos y giros, sino también de intérpretes de mayor edad y madurez escénica indispensables para roles de carácter o de peso actoral. «No deberías tener que irte sí o sí de la sala a los 40 años. Por ejemplo, Marianela Núñez, bailarina argentina del Royal Ballet, tiene 44 años y está en el mejor momento de su carrera», ejemplificó Wolf para graficar cómo la madurez artística no coincide necesariamente con el cese de la actividad en el escenario. En ese marco, los integrantes del cuerpo de baile remarcan que no se oponen a la renovación generacional ni al debate sobre el recambio de la plantilla, sino a la falta de dignidad y de consulta previa en la elaboración de la norma.

Ante la actitud inconsulta del Poder Ejecutivo comunal al redactar y enviar el proyecto, el colectivo de bailarines insta a abrir de forma urgente una mesa de diálogo participativa en la Legislatura porteña para analizar las fallas del texto y construir una alternativa consensuada. «Nosotros somos los primeros en reconocer que tenemos un problema y que queremos tener una jubilación digna. Lo que pedimos es sentarnos a discutir con la profundidad que este tema requiere», concluyó Wolf, reafirmando el compromiso de los artistas con la excelencia, la labor cotidiana y el patrimonio cultural que representa el Teatro Colón para la sociedad.

Entrevista completa a Victoria Wolf

 

(Fotografía de portada tomada del Ballet del Teatro Colón)

 


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