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El traslado de la cárcel de Devoto dispara alertas y propuestas

Escrito por el 17 de enero de 2026

El 14 de enero, el Jefe de Gobierno porteño informó que están finalizando las obras en la cárcel de Marcos Paz y que el traslado de las personas privadas de libertad que se encuentran en la cárcel de Devoto podría darse a partir del primer cuatrimestre de 2026. Esta noticia puso en estado de alerta a los vecinos ante la posibilidad de que se dispare un boom inmobiliario que no respete sus deseos de contar con más espacios verdes. En tanto, familiares de los detenidos comienzan a pensar en el costo adicional que tendrá cada visita.

El 14 de enero se conoció que el Gobierno Nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires firmaron un acta de entendimiento que establece que la Ciudad entregará durante el primer cuatrimestre de este año la nueva cárcel federal que está terminando de construir en la localidad bonaerense de Marcos Paz y que será traspasada a la órbita de la Nación.

 

Desde la Jefatura de Gobierno comunicaron que la cárcel de Marcos Paz tendrá capacidad para 2.240 personas privadas de la libertad. Con la entrega de esa prisión se desocupará la cárcel de Villa Devoto según los convenios firmados entre las dos jurisdicciones en marzo y agosto de 2018. A la fecha y según datos publicados por la Procuraduría de Violencia Institucional (PROCUVIN), en Devoto hay 1.552 personas privadas de la libertad.

 

“Esta obra permitirá trasladar a los detenidos y avanzar con el cierre de la cárcel, que es un pedido histórico de los vecinos del barrio”, sostuvo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, al presentar el acuerdo en sus redes sociales. La obra del complejo estuvo parada durante cinco años y se fue llevando adelante por etapas. La cárcel está terminada en un 82%. Para retomar los trabajos fue necesario cancelar la licitación original y realizar una nueva, en la que se acordó un monto menor de dinero para destinar a la inversión conjunta.

¿Cuál será el destino de las seis manzanas en el barrio de Devoto?

Tal como lo reconoció Jorge Macri, sacar la cárcel de Villa Devoto es un pedido histórico que llevaron adelante vecinos y vecinas organizados en «Devoto sin Cárcel» y «Devoto Unido». Alegan que la cárcel significa un conjunto de molestias en continuado, ruidos molestos que se incrementan con las protestas, con la quema de colchones, con la comunicación a viva voz con algún familiar. Pero, el argumento principal es el patrimonial y los que tienen sus propiedades más cerca de la cárcel saben que el día que se demuela, por ese sólo hecho sus casas cotizarán más alto.

 

Justo es decir que una parte importante de esos vecinos también manifiesta preocupación por la situación de los presos y sobre lo que pueda pasar con las visitas de las familias al tener que trasladarse hasta Marcos Paz. También es necesario recordar que para estas organizaciones de vecinos la demolición de la cárcel nunca fue un cheque en blanco para el gobierno de turno.

 

Quedarán disponibles seis manzanas entre las calles Desaguadero, Pedro Lozano, Bermúdez y Nogoyá y la propuesta es muy concreta: que se reserve como espacio público el 65% convertido en parques y áreas verdes para uso de los vecinos, integrando el barrio, mientras que en el 35% restante se permita el desarrollo inmobiliario que incluiría viviendas, comercios y oficinas, con una altura máxima de cinco pisos. Cuando en 2018 la Ciudad se hizo cargo de la construcción de la nueva cárcel de Marcos Paz, esta propuesta se convirtió en proyecto de ley y pretenden que se retome el camino parlamentario correspondiente.

 

En alerta están desde el momento que Macri confirmó el traslado y en las redes virtuales primerean las opiniones de los qué más se empaparon en el tema durante los últimos años. “Lo que van a hacer ahí es un cambio de la zonificación del sector y se va a transformar en un Distrito U, ahora es U-Futura. Cada distrito tiene su propio desarrollo individual, entonces le van a dar “contenido” y ahí va a estar la primera pelea de los vecinos”, dice en las redes vecinales un anónimo y autodidacta conocedor del tema. Lo que se observa al transitar el barrio cercano a la cárcel es preocupación, sobre todo por el posible colapso de servicios si se permite una construcción indiscriminada y la certeza de que tendrán que estar movilizados hasta que todo se resuelva en los papeles, y también después.

 

Del lado de afuera de la cárcel

 

En un trabajo realizado en 2015 por la Procuración Penitenciaria de la Nación en colaboración con Unicef, se aborda el impacto sobre las familias de la privación de la libertad de uno de sus miembros. Así describe a la población carcelaria: “La gran mayoría de las personas detenidas y sus familiares pertenecen a los sectores más pobres; con el encarcelamiento, esta situación se agrava, incrementándose la vulnerabilidad social de los hogares. Por un lado, porque se reducen significativamente los ingresos en los hogares: en el 62% de los casos la persona detenida constituía el principal aporte económico del hogar, antes de ser encarcelada. Por otro, porque se incrementan los gastos: las visitas a las unidades carcelarias, la concurrencia periódica a los juzgados y defensorías; la necesidad de proveer a las Personas Privadas de Libertad (PPL) de los insumos básicos como vestimenta, elementos de higiene o comida, así como la permanente compra de tarjetas para sostener las comunicaciones telefónicas son costos elevados que las familias deben afrontar con mucha dificultad”.

Una recorrida a media mañana por la calle Bermúdez nos permitió acercarnos a una larga hilera de familiares, básicamente mujeres y algunos niños. Los días y horarios de visita en la cárcel de Devoto no son fijos para todos los pabellones, sino que cada sector tiene su propio cronograma, por lo que estas mujeres se conocen, conversan semanalmente sobre sus historias y las de los varones presos, hijos, hermanos, parejas y sobre el esfuerzo cotidiano para llenar las bolsas que cubren necesidades básicas de higiene y alimentación de los que están dentro.

 

Más de una docena de familiares fueron unánimes en diálogo con La Colectiva, respecto de la opinión de los detenidos sobre el traslado: depositan la esperanza positiva de salir de ese lugar, creen que va a ser una mejora para sus situaciones carcelarias. Pero cuando se les pregunta que va a pasar con ellas, si van a poder sostener la misma frecuencia de visitas, por ejemplo, también la respuesta fue unánime: no saben cómo llegar hasta Marcos Paz ni cuánto les puede costar, por lo que no son optimistas sobre si podrán sostener el ritmo actual de visitas.

 

Entonces, las mejoras que puedan representar el cambio a una cárcel nueva se verán recortadas por el probable impacto del aislamiento que se podría producir. Además, habrá que tener en cuenta como siguen brindándose los talleres y cursos que diversas organizaciones sociales y de derechos humanos realizan dentro de la cárcel. En particular la continuidad del Centro Universitario de Devoto (CUD) que tiene más de 40 años de funcionamiento, deberá adaptarse, ver también como salva la distancia y de qué manera garantiza la continuidad académica.

Por otra parte, cuando llegue la hora de la demolición se tendrá que tener en cuenta que la cárcel de Devoto es un espacio de memoria. El 14 de marzo de 1978 se produjo la llamada “Masacre del Pabellón 7” en el que fueron asesinados 65 detenidos y que fuera considerada como delito de lesa humanidad desde el año 2014. A partir de octubre de 2012 la cárcel tiene la señalización de Sitio de Memoria.

 


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