Un Gritazo contra el adultocentrismo

Escrito por el 15 de noviembre de 2017

Este jueves a las 17 hs, niños y niñas, junto a organizaciones sociales y de derechos humanos, se concentrarán en la Plaza Congreso para realizar un Gritazo donde denunciarán la exclusión de sus voces en la Cuarta Conferencia Mundial de la OIT. Para analizar el contexto del reclamo y el por qué resulta central el protagonismo de las niñas y niños en este tipo de instancias, desde el Enredando las Mañanas dialogamos con Santiago Morales, integrante de La Miguelito Pepe, y compartimos un texto de invitación al gritazo escrito por María, de la Asamblea R.E.V.E.L.D.E. de Villa Soldati.

Descargar audio.

¿Podrías contarnos lo que están preparando en torno a la próxima asamblea de la OIT respecto del llamado trabajo infantil?

Este es un movimiento que tiene más de treinta años y que viene preparando, discutiendo y construyendo una mirada del mundo desde la niñez, que es completamente distinta a la versión hegemónica con la cual pensamos un conjunto de cosas. También es una versión del mundo que surge de lxs chicxs y a su vez de Latinoamérica. Esto lo planteo porque estamos cruzados por dos sistemas de opresión además del capitalista, que es el del colonialismo y el adultocentrismo, y que nos afectan a la hora de pensar cómo vamos a desarrollar nuestras acciones como educadores o como adultos.

En particular esta semana, del 14 al 16 de noviembre, tiene lugar la Cuarta Conferencia Mundial de la OIT [Organización Internacional del Trabajo], donde se va a tratar específicamente el tema del trabajo infantil. Y como la Convención de los Derechos del Niño establece el derecho a opinar y ser escuchados en los temas que a los chicos afectan, quisieron participar. No resulta en ningún punto raro que uno quiera ejercer un derecho, sin embargo, la OIT les negó la participación a los chicos, alegando razones de seguridad. Es decir, para evitar algún tipo de imprevisto que pueda llegar a poner en riesgo a los chicos, les prohibimos la participación. Y eso es central, porque es el mensaje, el eje a partir del cual se estructura el carácter adultocéntrico de la sociedad. Un paternalismo que, bajo el manto de la protección, prohíbe al otro participar, opinar, dar cuenta de sus voces, hacer la vida propia, desde luego no negando la necesidad de cuidado, de la relación que se da intergeneracional. Ante este hecho, la Asamblea R.E.V.E.L.D.E., una organización de chicos y chicas de 9 a 17 años, junto a otras organizaciones de chicos y chicas y con el acompañamiento del movimiento latinoamericano proponen un gritazo en el Congreso, para que se escuche su voz. Porque si la OIT, que pertenece a la ONU, que ha impulsado la Convención, niega un derecho de ellxs, entonces lxs van a tener que hacer escuchar de otra manera.

El gritazo va a ser una concentración propuesta para las 5 de la tarde de este jueves 16 de noviembre, en la plaza Congreso. La intención es reunirnos, encontrarnos, hacer algunas actividades artísticas junto con los niños, niñas y adolescentes que vengan. Escuchar también qué es lo que tienen para decir. Van a venir representantes de y Bolivia, de organizaciones de niños y niñas, para poner en juego su opinión sobre el tema.

¿Cómo es esto de acompañar a las pibas y pibes trabajadores en este caso? ¿Cuál sería el piso para poder pensar que un pibe trabaja y no es una situación de explotación?

En primer lugar, una aclaración necesaria: desde la Miguelito Pepe, a partir del trabajo que desarrollamos acá en Buenos Aires, no estamos acompañando organizaciones de niños, niñas y adolescentes trabajadores. De hecho, los chicos y las chicas se reconocen como chicos del pueblo, tomando la propia historia del movimiento político y social, del movimiento obrero y de la niñez en Argentina. Pero esto es muy importante porque cuando nosotros nos acercamos a los chicos y empezamos a nombrar el tema del trabajo en el barrio, lo que pasó es que las familias pensaron que nosotros éramos agentes del Estado que queríamos penalizarlos, perseguirlos porque estaban con hijos que trabajaban. Nosotros estábamos lejos de eso, más bien pensábamos lo contrario, valorábamos la dignidad y el esfuerzo. En medio de esa situación fue que el mismo proceso nos llevó a modificar un poco aquello que teníamos pensado como proyecto.

Lo que es bien importante señalar, sobre todo en el contexto argentino, es que uno no puede pensar retroceder en materia de derechos. Hoy el trabajo infantil está prohibido. Si uno plantea que se regule el trabajo infantil, nos parece que en algún punto puede llegar a ser regresivo. Lo que creemos fundamental es empezar a señalar una diferencia entre lo que es el trabajo y lo que es el empleo.

En una sociedad capitalista, el empleo lleva de por sí la relación de dependencia con la otra persona, y los niños, niñas y adolescentes, por una relación biológica y por una cuestión social y cultural, están en desventaja ante esa relación, en general son más vulnerables a ser explotados que una manera mayor. Pero no todo trabajo es explotación, eso es algo que para cualquier persona que lo piensa en un adulto, es evidente. Ahora cuando pensamos en los niños, como tenemos incorporado el concepto de trabajo infantil que los organismos han producido justamente para generar esta confusión, nos parece que todo trabajo es igual a explotación. Y en realidad el trabajo, para quienes pensamos la historia desde lo material, es lo que nos vuelve humanos, es lo que nos permite avanzar en nuestro propio proceso de crear tecnologías, desarrollar nuestras fuerzas como sociedad. Lo que nos mata es la explotación, en cualquiera de sus formas. Nosotros pasamos por alto el trabajo de las niñas y niños actores, eso es un trabajo, pero ¿por qué se le quita el valor de trabajo a la actuación porque lo hace un niño? Eso es un trabajo, y nadie dice que por estar actuando está siendo explotado. Ahora si tiene que trabajar 12 horas a lo largo de todo el día, por supuesto que entra en situación de explotación.

También uno tiene el recuerdo de nuestros propios padres, que han laburado desde los 8, 9 años y nos han contado esas historias. Esto es algo que se puede trasladar a muchísima otra gente, en los ‘40 o ‘50 arrancar laburando desde muy chiquitos era algo común. Lo que está pasando es que hoy el tipo de laburo al que acceden los chicos es a cartonear o a laburos similares.

Esto que vos decís me permite ser claro en el mensaje. Una cosa es un chico de 14 años que trabaja dos horas por semana, en una feria, junto a su familia. Y otra cosa es un chico de 7 años que está en un taller sometido a una práctica de esclavitud. Para estos organismos internacionales, todo eso es trabajo infantil y todo eso está prohibido. Lo que nosotros señalamos es el porcentaje menor de chicos y chicas, ¿en qué sentido? La mayoría de los chicos trabajan producto de la necesidad de salir adelante con su familia. Por supuesto que vos le decís a cualquier persona: ¿vos qué preferís, trabajar o no trabajar? Y yo prefiero no trabajar, prefiero estar haciendo las cosas que me generan placer, y el trabajo no siempre me genera placer. Ahora vos que preferís, ¿desayunar mañana o no desayunar mañana? Cuando esa situación se pone desde los pies de los chicos, y se empieza a leer el mundo desde los pies de los chicos, se deja de lado el niño ideal que nos ha vendido la Convención de los Derechos del Niño y la mirada europea, un niño que solamente se dedica a jugar y estudiar. Ese niño no existe en América Latina, o existe en las clases medias acomodadas y en los sectores más ricos, que tienen otras dificultades. Pero los pibes y las pibas de nuestros barrios tienen que asumir responsabilidades porque no les queda alternativa. Cuidan a sus hermanos, hacen las compras, resuelven la casa, limpian, ordenan, son parte de la economía familiar. Nosotros no estamos planteando que los chicos deben ser empleados por empresas que los van a explotar, ése fue el debate que tuvimos hace pocos meses en torno al proyecto neoliberal de la “secundaria del futuro”, que quería incluir a los chicos en las multinacionales. Lo que estamos queriendo plantear es la necesidad de valorar esas prácticas comunitarias en las cuales los chicos indefectiblemente son parte. Y nuestra mirada, muchas veces de clase media y profesional, no nos permite advertir el carácter persecutorio, criminalizante y estigmatizante que tiene el planteo de que “el niño no debe trabajar”.

También resulta contradictorio que un pibe no pueda trabajar, pero sí pueda ser penalizado (en relación a la baja de la edad de punibilidad).

En oportunidad de la marcha que tuvo lugar a fines de enero pidiendo justicia por Luciano Arruga, desde la Asamblea -que participa hace varios años de esta movilización- llevaron un texto leído al finalizar la marcha donde planteaban exactamente esto, desde su lugar: quieren meternos en la cárcel desde más chicos, pero nos tienen impedidos de trabajar si queremos o si necesitamos.

Y por supuesto que hay un carácter desigual por detrás de la necesidad de que un chico trabaje para poder alimentarse. Por supuesto, si un chico deja de ir a la escuela porque tiene que trabajar, es una situación de explotación, sin lugar a dudas. El tema es que se da una confusión perfecta y perversa donde eso se vuelve difuso, y el mensaje es unívoco para los chicos. Los chicos tienen que crecer con la culpa de estar trabajando, y eso es una culpa de clase. Eso es algo que tenemos que empezar a problematizar, que un chico viva y crezca con la culpa de tener que trabajar, porque no debería pero lo necesita, es una carga más que le ponemos encima en lugar de poder valorar la acción concreta que lleva adelante para poder superarse a sí mismo y obtener los recursos desde la comunidad que el Estado no le da. Nosotros no negamos la absoluta responsabilidad del Estado en esto, lo que pasa es que si nosotros solo nos quedamos con exigirle al Estado que redistribuya la riqueza para que los chicos no necesiten trabajar y desaparezca la explotación, en el medio se nos va muriendo la humanidad, porque siguen siendo explotados los chicos.

Para dar cuenta de la hipocresía de estos organismos, UNICEF dice que desde hace varios años está creciendo en el mundo la cantidad de niños que no ingresan a la escuela primaria, el 1% de la población mundial tiene el 99% de las riquezas, y la OIT dice que paulatinamente el trabajo infantil está decreciendo en el mundo. Esto es una ridiculez, es una tomada de pelo y es perverso porque lo que hacen es ocultar, a través de las construcciones estadísticas que hacen, las gravísimas situaciones de explotación a las que las empresas que ellos mismos protegen someten a nuestros chicos. Dar la discusión sobre esto no quiere decir que permitamos la explotación, quiere decir que valoremos a nuestros pibes y señalemos claramente dónde está la explotación, porque hay explotadores. El problema no es de los chicos que estén trabajando, el problema es de los explotadores que se aprovechan de los chicos. En tal caso, tenemos que poder acompañar a nuestros pibes en los barrios, para que entiendan que no tienen que vivir con culpa si están trabajando, y que tienen que seguir en la escuela, y que tenemos que poder brindarles un futuro que no esté siempre cercano a la calle o a la marginalidad, que es lo que necesita el sistema para poder seguir reproduciéndose en sus lógicas de desigualdad y exclusión. Este mecanismo perverso lleva a los chicos a las cárceles desde más pequeños, pero al trabajo desde más grandes. Entonces la franja de la adolescencia, vital en el desarrollo del ser humano, queda a merced de la trata, del narcotráfico, de la droga, del meterse en ciertos mercados ilegales que son los que le permiten acceder a lo que necesitan, a lo que quieren, a lo que desean. Porque no hay que perder de vista que el deseo esta cruzado en esta situación.

INVITACIÓN AL GRITAZO, por María de la Asamblea REVELDE

Mi nombre es María, tengo 16 años, soy de la Asamblea REVELDE de Buenos Aires, y este 14 de diciembre estaremos cumpliendo 3 añitossss. Leer texto completo.

Fuente: : Ver original


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