Marxismo Salvaje – 30-11-2016

Escrito por el 5 de diciembre de 2016

Miércoles 20:00 – 21:00 hs – Marxismo Salvaje
EDITORIAL: Contra las mistificaciones hechas a la medida de nuestros deseos y contra el culto a la personalidad, afirmamos la potencia subversiva de la crítica atea y materialista de los procesos revolucionarios. TEMA CENTRAL: Conversamos con lxs trabajadores de la salud Ignacio Bocles (La Posta Sanitaria, La Brancaleone, cátedra de Embriología de la UBA); Patricio Delfino (Jefe de residentes de medicina general y familiar de CeSAC 19 del Hospital Piñero; integrante del Colectivo de salud La Redonda; militante del NODO;  forma parte de ATE Piñero); Agustín Francese (miembro de Conjugando Saberes y de PIAPS: prácticas iniciales en atención primaria de la salud); Andrea Massaccesi (médica generalista en el CeSAC 40, dependiente del área programática del Hospital Piñero, en la villa 1-11-14; integrante del Colectivo de salud La Redonda; militante del NODO; forma parte de ATE Piñero). MÚSICA: Escuchamos a Aníbal Troilo con el Tano Fiore, a La Nueva Luna, a Ray Charles y al dueto John Mayer-John Scofield. Repetición: Viernes 16Hs
Escuchar: http://audios.lacolectiva.org.ar/MaS-2016-11-30.lite.mp3
 
 
SALUD PARA FIDEL

Escribimos este editorial desde el dolor. Es imposible para nosotros hablar de manera desapasionada de la Revolución Cubana. Hemos crecido imaginando que Fidel, el Che y Camilo eran unos personajes de leyenda. La Revolución encarnaba los sentimientos de rebelión contra la injusticia, la opresión, el imperialismo. Por eso es tan difícil decir lo que sigue. Pero como somos marxistas –y salvajes– estamos obligados a hacerlo.

No vamos a decir nada sobre la muerte de Fidel. Sobre ella se ha opinado hasta el hartazgo. Muchas personas tienen su personal, hecha a la manera de sus deseos. Es una "ideal", metafísica, no una sociedad terrenal con sus contradicciones también terrenales. Por eso muchos ven en Fidel al Líder invicto de la Revolución contra el Imperio; otros, a la encarnación cabal de la Dictadura comunista; y algunos pocos conciben su muerte como un inesperado puntapié para el  reavivamiento del Socialismo. Como siempre, se habla desde los prejuicios y/o las esperanzas de cada uno. Las cosas molestas se esconden debajo de la alfombra.

Vamos a retroceder un poco en el tiempo, cuando se produjo el acercamiento diplomático entre Estados Unidos y Cuba, en 2014. Este acontecimiento marcó la clausura formal de la Revolución Cubana. El acuerdo es un hito más en el proceso contrarrevolucionario que conduce con paso lento pero seguro a la restauración plena del capitalismo en la isla; lejos de ser un triunfo del pueblo cubano, expresa la capitulación de la burocracia gobernante frente al sistema capitalista.

Es habitual atribuir los problemas de la Revolución Cubana a los efectos del embargo llevado adelante por Estados Unidos. Sin negar la influencia del embargo, hay que señalar que se trata de una manera simplista de abordar la cuestión. Muchos capitalistas norteamericanos vienen afirmando que, lejos de debilitar al régimen cubano, el embargo lo fortaleció y mejoró la posición de las empresas de otros países que pugnaban por apropiarse de los diferentes mercados de la isla. Por otra parte, la presión constante de varios gobiernos estadounidenses sobre Cuba (sabotajes, propaganda anticubana, financiamiento a grupos opositores, etc.), reforzó al régimen, pues le permitió a éste jugar a pleno la carta del nacionalismo.

Para explicar la clausura de la Revolución es preciso dar cuenta de los procesos internos que llevaron a esa situación. La Revolución Cubana fue una gigantesca movilización popular, en la que jugaron un papel fundamental los campesinos. La Reforma Agraria recompensó con creces el apoyo de estos últimos a la Revolución. La derrota de la dictadura de Batista, por otra parte, se tradujo en una etapa de libertades democráticas como nunca había experimentado la isla.

Reforma agraria más libertades democráticas, he aquí el programa inicial de la Revolución Cubana que, en estos términos, no puede considerarse de carácter socialista. El avance hacia el socialismo llegó después, como consecuencia de la acción de una parte de la dirigencia revolucionaria y de la necesidad objetiva de apoyo económico a partir de las presiones crecientes de los Estados Unidos. En este marco, la alianza con la Unión Soviética, producto de las necesidades de supervivencia de la Revolución, puso límites muy estrechos al avance de ésta. Al implantar métodos estalinistas de gestión económica, la política económica revolucionaria cubana suprimió paulatinamente la posibilidad de que los trabajadores participaran en la toma de decisiones en la producción. Al reforzar el estatismo, se fortaleció la posición rectora de la burocracia revolucionaria, que pasó a ser la clase dominante en la sociedad cubana.

El desarrollo de la burocracia fue paralelo a otro proceso, mucho más lento y subterráneo. En Cuba, la circulación mercantil jamás fue suprimida por completo. A medida que se producía un deterioro en la capacidad económica de la isla (esto fue especialmente notorio a partir de la caída de la Unión Soviética), el régimen cubano se vio obligado a recurrir a mecanismos de mercado para garantizar, por ejemplo, el abastecimiento de alimentos a las ciudades. Y la producción mercantil tiene consecuencias sociales inevitables. Su mera existencia posibilita el desarrollo de una acumulación desigual de riqueza, en beneficio de aquellos que tienen un mejor punto de arranque (por ejemplo, la diferencia entre un campesino que posee un buey para tirar del arado y otro que debe hacerlo con sus brazos). Esto, sumado a la existencia de la burocracia mencionada anteriormente, genera un sinfín de posibilidades de acumulación desigual de riqueza.

El mercado mundial fue otro factor central en la erosión paulatina de la Revolución. Cuba posee una economía que necesita importaciones para subsistir. Si un país se decide a jugar en el mercado mundial (otra cosa inevitable, por cierto), debe acatar las reglas de juego. En los sectores donde se permitió la inversión extranjera (por ejemplo, la hotelería), las reglas de juego del capital se implantaron generando una fuerte presión para modificar la legislación laboral cubana. Además, la necesidad de obtener divisas para pagar las importaciones en el mercado mundial ha vuelto al gobierno cubano especialmente permisivo con las actividades que generan esas divisas. El turismo internacional ha sido una de las puntas de lanza en la implantación de relaciones mercantiles en la isla. Quienes trabajan en el sector turístico, ya sea directamente o como proveedores de servicios para dicho sector, poseen un acceso privilegiado a las divisas, la mercancía más deseada por la sociedad cubana. En un país donde la libreta de abastecimiento garantiza el acceso a alimentos de pésima calidad, poseer unos pocos dólares hace la diferencia. Es difícil exagerar los efectos disolventes de esta desigualdad en el acceso a las divisas. En Cuba se ven personas que juntan hasta la última moneda cubana para poder comprar algo en los desabastecidos mercados locales, en tanto que los que poseen divisas pueden acceder a los bienes que se venden en las tiendas para turistas. La corrupción, el delito, la pérdida de esperanzas en el futuro, prosperan en esta situación que favorece la desigualdad social.

Hace ya mucho tiempo que el Partido Comunista cubano eliminó las manifestaciones de disidencia en sus filas. En este momento, el debate en su seno gira en torno a la vía elegida para retornar plenamente al capitalismo, no en torno a un giro socialista o cosa por el estilo. En una economía devastada y en una sociedad donde cada vez más impera el sálvese quien pueda, la burocracia constituye el único reaseguro de que las cosas funcionen mínimamente. Para ello recurre al control policíaco y a la persecución de toda actividad independiente por parte de la población. El recurso al nacionalismo, que mete en una misma bolsa a quienes pretenden defender las libertades democráticas y a quienes promueven una restauración capitalista, resulta especialmente efectivo.

En Argentina, como en tantos otros lugares, se ha forjado un mito de la Revolución Cubana. Dicha imagen heroica obtura cualquier posibilidad de análisis serio y, en los hechos, termina por ser un obstáculo a la comprensión de la Revolución y a la elaboración de una política revolucionaria.

El mito deja de lado la cuestión de que el Estado y la burocracia ocuparon el lugar de los trabajadores y trabajadoras en la dirección del proceso revolucionario.

Embellecer la realidad no sirve a la causa revolucionaria.

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