Marxismo Salvaje – 19-10-2016

Escrito por el 20 de octubre de 2016

Miércoles 20:00 – 21:00 hs – Marxismo Salvaje
EDITORIAL: A raíz del paro nacional de mujeres en Argentina, abordamos las tensiones entre feminismo y marxismo. ENTREVISTAS: Nos comunicamos con Micol Lendzian (Chubut) y conversamos en el estudio con Yuli Vanesa Prieto (militante feminista). PELI-LIBRO: reseñamos la película Profesor Lazhar (2011). Escuchamos a Sumo, a María Elena Walsh y a Totó la Momposina. Repetición: Viernes 16Hs
Escuchar: http://audios.lacolectiva.org.ar/MaS-2016-10-19.lite.mp3
MUJERES

El socialista francés Charles Fourier escribió: el grado de emancipación de la mujer en una sociedad es el ómetro natural de la emancipación general. Esta frase sirve para poner en contexto el paro y la movilización convocados en repudio a la violación y posterior asesinato de la adolescente Lucía Pérez.

La convocatoria tiene por objetivo poner fin a los femicidios. En otras palabras, se lucha por preservar la vida de las mujeres. Es difícil imaginar otra lucha cuyo propósito sea tan defensivo como éste.

Evitar que las mujeres sigan siendo asesinadas. ¿Quién puede estar en contra? Tal como se vio en las movilizaciones del Ni una menos, toda la Argentina oficial y no oficial salió a apoyar la consigna. Sólo los asesinos pueden estar en contra de una manifestación a favor de la vida.

La unanimidad del apoyo a la consigna es, a la vez, la fortaleza y la principal debilidad del movimiento. Fortaleza en tanto sirve para movilizar multitudes. Debilidad, porque se vuelve imposible encontrar medidas adecuadas para resolver el problema. Una consigna apoyada por todos representa una situación en la que nadie es percibido como responsable de lo que está sucediendo.

La solución eficaz a un problema comienza por la formulación de un diagnóstico adecuado.

La violencia contra las mujeres, cuya expresión más extrema es el femicidio, excede largamente los límites del capitalismo. El patriarcado hunde sus raíces muy atrás en la historia, a punto tal que es considerado como un hecho natural por hombres y mujeres. La opresión de género no se reduce a la opresiòn de clase. Toda nuestra cultura está marcada por la hegemonía del patriarcado, y éste se manifiesta aún en los partidos y organizaciones de izquierda que combaten al sistema capitalista. Es por esto que puede ser encarada por mujeres (y hombres) de todos las clases sociales. Es, en definitiva, una lucha democrática, una lucha por la libertad y por la igualdad.

Pero así como la opresión de género no se reduce a la opresiòn de clase, resulta imposible encarar efectivamente la eliminación del patriarcado sin eliminar la dominación del capital sobre el trabajo. La opresión de género es sufrida por todas las mujeres, pero golpea especialmente a las mujeres de la clase trabajadora. En el día de hoy estaba convocado un paro de actividades entre las 13 y 14 hs. En las condiciones actuales, la inmensa mayoría de las mujeres trabajadoras no pudimos realizar la medida de fuerza. La precariedad de la situación laboral hace que quienes resolvamos cesar las actividades corramos el riesgo bien concreto de sufrir sanciones. Las mujeres más afectadas por la opresión de género somos las que menos podemos participar de la protesta.

El movimiento de lucha contra el patriarcado sólo puede ser eficaz si se encara, también, como una lucha contra el capitalismo. La obligación de trabajar por un salario, las jornadas laborales interminables, los viajes también interminables hacia los lugares de trabajo, la continuación del trabajo en el hogar, todo ello impide que las mujeres trabajadoras contemos con el tiempo necesario para enfrentar al patriarcado. El capitalismo, a diferencia de otras formas de sociedad, puede permitirse el lujo de conceder derechos a las mujeres. Pero el derecho a la cosa no es la cosa: el derecho al pan no se come. El capitalismo puede otorgar derechos siempre y cuando no se toque la propiedad privada de los medios de producción.

Las movilizaciones convocadas por el movimiento Ni una menos fueron multitudinarias. Pero no pudieron modificar un milímetro la situación de opresión de gènero. El capitalismo transforma a las personas en cosas de las que se puede obtener ganancias económicas. En este sentido, resulta indistinto que se trate de hombres o mujeres. Sin embargo, aprovecha la desigualdad promovida por el patriarcado y utiliza la opresión de género para multiplicar los beneficios económicos.

Las mujeres trabajan gratis en el hogar: fenómeno, dice el empresario. Me ahorro el aumento del salario requerido para pagar dicho trabajo.

Las mujeres somos consideradas inferiores a los hombres: Excelente, exclama nuestro hombre de negocios. Puedo pagarle menos salario por igual tarea a las mujeres que trabajan en mi empresa. Además, aprovecha el hecho biológico del embarazo para despedirnos o imponernos peores condiciones laborales (“sos mujer, vas a faltar al trabajo porque tenés a tus hijos enfermos, porque tenés que llevarlos a la escuela, etc.”).

Las mujeres somos consideradas cosas con tetas y culo: Muy bien, dice el emprendedor. Eso me permite invertir en prostíbulos, redes de trata y demases, que son también grandes fuentes de ingresos para policías, funcionarios judiciales y políticos.

El capitalismo no inventó el patriarcado. Pero lo transformó y lo aprovecha al máximo según su escala de valores: obtener ganancias. Su lógica es tan perversa que las mujeres que se enriquecen también pueden participar del festival de beneficios que genera la opresión de las mujeres. El capitalismo es democrático siempre y cuando se tenga el dinero suficiente para hacer valer  derechos.

Nos preguntamos: las movilizaciones ¿hacen visible la opresión de las mujeres? Todas sabemos que las mujeres somos reducidas a cosas, todos los días. Simplemente nos hacemos los boludos, ya sea porque pensamos que no podemos hacer nada o porque consideramos que se trata de un hecho natural. La cosa cambia de color cuando comprendemos que el capitalismo es el responsable, que esta rueda infernal centrada en la producción de mercancías requiere de la reducción de la humanidad al estatus de recurso descartable. El patriarcado nos usa, nos asesina y nos arroja a la basura desde hace siglos. Pero en condiciones capitalistas el patriarcado es funcional a la ley del valor.

La única respuesta eficaz pasa por la autoorganización de quienes sufrimos la opresión y la explotación. El patriarcado existía antes del capitalismo. Y puede seguir existiendo después, si no estamos atentas. Por eso hay que combatir, simultáneamente, aquí y ahora, y en el futuro, al patriarcado y al capitalismo como dos caras de una misma sociedad a destruir. En otras palabras, se trata de asumir al feminismo y al marxismo como dos dimensiones de una misma lucha por la emancipación humana.
 
Marxismo Salvaje, 19/10/2016 
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