Marxismo Salvaje – 14-12-2016

Escrito por el 16 de diciembre de 2016

Miércoles 20:00 – 21:00 hs – Marxismo Salvaje
EDITORIAL: Contra las caracterizaciones del trotskismo impulsadas por la mala fe y la ignorancia, afirmamos un núcleo común a los trotskismos que mantiene vigente su potencia revolucionaria. CONVERSACIONES: Nos visitó Christian Chipi Castillo, trabajador de la educación y dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), con quien hablamos de los límites y alcances del Programa de Transición. MÚSICA: Escuchamos a Frank Zappa, a Lila Downs y a Pat Metheny… Repetición: Viernes 16Hs
Escuchar: http://audios.lacolectiva.org.ar/MaS-2016-12-14.lite.mp3
TROTSKISMOS

En Argentina es común identificar a la izquierda clasista y revolucionaria con el trotskismo (más allá de lo que se entienda, en general, por «clasismo» y por «revolución»). El adjetivo «trosko», se emplee peyorativamente para hablar de alguien que «la pudre», o se emplee elogiosamente para hablar de alguien que «lucha por la emancipación», se asocia inmediatamente a las banderas rojas, la organización partidaria, la militancia respetable. Pero… ¿de dónde viene el trotskismo?
Cinco años después de la revolución rusa de 1917, Lenin cayó víctima de una enfermedad que, tras apartarlo de la dirección del Partido Comunista, lo mató en 1924. Para entonces, la política interna y externa del Partido presentaba tan claramente el fortalecimiento de una casta burocrática en el poder, que surgieron varias fracciones opositoras en su interior. Entre esas fracciones, León Trotsky lideró la llamada «Oposición de Izquierda», creada en 1923 y que Stalin condenó bajo el nombre de «trotskismo».
Aclaremos que las condenas del régimen encabezado por Stalin no se limitaban a poner nombres peyorativos a las incomodidades: miles de opositores fueron fusilados o desaparecidos en los campos de concentración siberianos. De los 31 miembros que el Comité Central del partido bolchevique tuvo entre 1918 y 1921, 18 fueron asesinados por el terror estalinista (entre esos 18, el mismo Trotsky, asesinado en 1940).
La Oposición de Izquierda se estructuró, a mediados de los años 20, alrededor de dos pilares: en política interior, la democratización del Partido (o sea, el derecho de las fracciones y tendencias a expresar libremente sus puntos de vista); y en política exterior, la revolución permanente (o sea, el internacionalismo contra la revolución en un solo país).
En 1929, Trotsky es expulsado de la Unión Soviética. Entonces la Oposición de Izquierda propone una reforma de la política internacional comunista y de sus partidos. En los primeros años de la década de 1930, el eje de la lucha es Alemania: los partidos comunistas alineados con la Unión Soviética se oponen a crear un Frente Único Obrero contra el nazismo, triunfa Hitler y ya sabemos cómo termina esa historia. Trotsky concluye que es necesario fundar una nueva internacional, la Cuarta, y en 1938 se aprueba el Programa de Transición como plataforma de la organización internacional obrera que hoy conocemos como «trotskismo».
Pero al interior de la Cuarta Internacional hay tantas divisiones y tendencias, que hablar de «trotskismo», en singular, como si fuera un solo bloque homogéneo resulta inadecuado. De las diferencias entre los múltiples trotskismos se encargan, a diario, los órganos de prensa de cada trotskismo. En Marxismo Salvaje, esta noche, nos interesa enfocar la atención en lo que los trotskismos tendrían en común: el Programa de Transición, sus alcances y sus límites.
De las implicancias de ese núcleo común, nos interesa destacar:

    La crítica marxista del capitalismo. Contra las teorías que, tras la Caída del Muro de Berlín, sentenciaron el fin de la historia universal, el fin de la clase obrera, el fin de la utopía socialista y el triunfo inexorable del capitalismo y su democracia burguesa, afirmamos con los trotskismos la crítica radical de la explotación capitalista y la necesidad histórica de socializar los medios de producción en manos de los productores mismos como condición imprescindible (aunque insuficiente) para alcanzar la emancipación humana.
    El internacionalismo. Porque el capital utiliza las barreras nacionales para dividir a la clase trabajadora, afirmamos con los trotskismos que la lucha contra el capital es mundial y no en un solo país. «Proletarios del mundo, únanse», decía el Manifiesto Comunista en 1848 y aquí reivindicamos esa consigna. La liberación será mundial o no será.
    El antiburocratismo. Porque las organizaciones políticas y sindicales engendran, en sus relaciones internas, a los sujetos que las sostienen, afirmamos con los trotskismos la crítica contra toda casta que se perpetúe en el poder sobre la base de oprimir y/o explotar al conjunto de la clase trabajadora. De las relaciones de mando y obediencia no sale ninguna emancipación humana. La crítica militante revolucionaria se dirige contra toda enajenación, contra todo privilegio, contra toda humillación.
    El clasismo. En condiciones capitalistas, quienes integramos la abrumadora mayoría de la población mundial, vivimos de hacernos explotar por un salario (si es que tenemos la suerte de conseguir que alguien nos explote), mientras una pequeña minoría es dueña de los medios de producción y vive de explotarnos hasta la muerte. Afirmamos con los trotskismos la autonomía de la clase trabajadora frente al Capital y su Estado, frente a todas las burocracias sindicales, frente a todos los funcionarios de la burguesía, frente a todas las opresiones que colaboran con la explotación (el racismo, el machismo, la xenofobia, la religión, etc.) y cuya especificidad merece críticas que no están en las páginas de las obras completas de Marx y Engels.

En una sociedad que provoca a diario tortura, muerte, miseria y humillación, en una sociedad que se acerca a su autodestrucción como un tren sin maquinista en dirección al abismo, en una sociedad que oscila políticamente entre dos opciones capitalistas (el populismo y el liberalismo), en una sociedad que parece haber bajado de un hondazo al fantasma del comunismo que alguna vez recorrió el mundo, en una sociedad que tiende a ver fragmentos inconexos de realidad donde en verdad opera una lógica nefasta (la ley del valor), en una sociedad que a lo sumo corre detrás de los efectos pero casi nunca analiza las causas, en una sociedad así… ¿por qué los trotskismos se nos aparecen, a menudo, como obstáculos para la unificación del proletariado internacional en lugar de aparecérsenos como medios para la emancipación humana?
Una alternativa emancipatoria de la clase trabajadora frente a la barbarie del capital exige un balance del papel de los trotskismos durante el siglo XX. Y una pieza clave de ese balance es la revisión crítica del Programa de Transición. 


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