Marxismo Salvaje – 14-09-2016

Escrito por el 14 de septiembre de 2016

Miércoles 20:00 – 21:00 hs – Marxismo Salvaje
EDITORIAL: ante identidad aparente educación = escuela, expusimos por qué la escuela nunca podrá resolver la desigualdad. PELI-LIBRO: reseñamos «La escuela de noche», de Julio Cortázar, envueltos en la unánime noche de Lionel Richie. ENTREVISTA: conversamos con Javier Delgado (AMSAFÉ) sobre las condiciones materiales del trabajo docente en Santa Fé. Escuchamos a The Black Angels, a Ileana Cabra y, por supuesto, a Harry Belafonte. Repetición: Viernes 16Hs
Escuchar: http://audios.lacolectiva.org.ar/MaS-2016-09-14.lite.mp3
 
 
Editorial N° 2: «Educación »
 
Históricamente, la educación en general y sus instituciones particulares han estado ligadas al modo de producción de cada grupo humano. El trabajo agrícola se aprendía en el campo, el trabajo artesanal se aprendía en el taller, el comercio se aprendía en el mercado. Y, si había instituciones educativas, el acceso a ellas se limitaba a una minoría de la clase dominante.
 
Con el capitalismo se amplió el acceso de estas instituciones educativas a las clases trabajadoras porque el objetivo de la educación pasó a ser la formación de mano de obra. Esta es una característica exclusiva del capitalismo: educar para «el mundo del trabajo». Los problemas de una pedagogía orientada al mercado laboral surgieron hace 150 años. Como respuesta, el capitalismo tomó las instituciones educativas existentes y las adecuó a sus necesidades.
 
Por eso la esencia de la escolarización masiva y uniformadora no se encuentra tanto en los contenidos de las asignaturas como en las formas de la organización cotidiana de los cuerpos: el ritmo de timbres y campanas; el nacionalismo y su gestualidad militar; la competencia entre compañeros; las sanciones por faltar o llegar tarde; los premios al empleado del mes… perdón, al mejor alumno… Esa es la preparación fundamental para «el mundo del trabajo».
 
Ahí están las similitudes entre una escuela argentina, francesa, rusa, británica o cubana. Porque, en esencia, no importa si en el despacho de la dirección cuelga un retrato de Sarmiento, de Rosa Luxemburg, de Simón Rodríguez o de Paulo Freire. En condiciones capitalistas, la escuela enseña, básicamente, dos cosas: a obedecer y a trabajar; a ser un buen ciudadano y a ser un buen explotado. La escuela no puede hacer otra cosa, por una sencilla razón: la educación no es sólo la escuela. La educación es un proceso integral de formación del ser humano, que abarca TODAS las actividades de nuestra vida, desde que nacemos hasta que morimos. En este sentido, la educación no depende de la escuela sino que es exactamente al revés: la escuela depende de la educación. En esta época, la sociedad que produce la educación es una sociedad capitalista, es decir, una sociedad basada en la explotación y en la desigualdad.
 
Es por esto que macristas, peronistas, kirchneristas, radicales, massistas (y siguen las firmas) pueden decir muy sueltos de cuerpo que la educación es la clave para resolver los problemas del país. Todos ellos saben que la educación no resuelve ningún problema, sino que refuerza las desigualdades existentes.
 
Carlos Marx era lo suficientemente «salvaje» para comprender esto con claridad. En una crítica a los socialistas alemanes escribió lo siguiente:
 
¿Educación popular igual? ¿Qué se entiende por esto? ¿Se cree que en la sociedad actual (que es la de que se trata), la educación puede ser igual para todas las clases? ¿O lo que se exige es que también las clases altas sean obligadas por la fuerza a conformarse con la modesta educación que da la escuela pública, la única incompatible con la situación económica, no sólo del obrero asalariado, sino también del campesino?
 
La educación no puede aportar igualdad a una sociedad basada en la desigualdad. El niño que nace en alguna de las innumerables barriadas populares de la Argentina es completamente desigual al niño que ve la luz en alguno de los numerosos barrios cerrados que florecieron en las últimas décadas, tanto con el neoliberalismo como con el modelo “nacional y popular”. Sus oportunidades son radicalmente distintas porque pertenecen a clases sociales distintas.
 
Marx no se contenta con esto y agrega:
 
Eso de «educación popular a cargo del Estado» es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, como se hace en los Estados Unidos, y otra cosa completamente distinta, es nombrar al Estado educador del pueblo! Lejos de esto, lo que hay que hacer es sustraer la escuela a toda influencia por parte del Gobierno y de la Iglesia.
 
Para Marx, poner la educación en manos del Estado implica, en las condiciones del capitalismo, fortalecer la dominación de la burguesía y el control del Estado sobre el conjunto de la sociedad. Apostar por el Estado como herramienta de liberación significa, en los hechos, reforzar la dominación del capital, con el plus de que a esa dominación se le agrega la dominación de los burócratas.
 
Por eso, si en algún momento hablamos de educación emancipatoria no nos referimos a «que la escuela se pinte de pueblo» u otras consignas por el estilo. Como mínimo, queremos la socialización de los medios de producción y la extinción del Estado. Un proceso colectivo y consciente en busca de esos dos objetivos sería un buen ejemplo de educación emancipatoria.
 
Y si los planes de estudio incluyeran la obligatoriedad de los clásicos del marxismo, no tendríamos empacho en cambiar la letra de «Mañana en el Abasto» para cantar: «No vayas a la escuela / porque Carlos Marx te espera».

 14 de septiembre de 2016.

 


Opiniones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *



Current track
Title
Artist

Background