Marxismo Salvaje – 07-09-2016

Escrito por el 5 de septiembre de 2016

Miércoles 20:00 – 21:00 hs – Marxismo Salvaje (NUEVO PROGRAMA)
Mcontra las explicaciones liberales y populistas del ajuste en Argentina, expusimos una explicación marxista. PELI-LIBRO: reseñamos Billy Elliot (2000) y la huelga de mineros ingleses de 1984-1985. ENTREVISTAS: conversamos con Agustín Santella (ATE-CONICET) y con Javier Delgado (CTA-AMSAFÉ). MÚSICA: escuchamos a Gilda, a los Redonditos de Ricota y a Harry Belafonte.Repetición: Viernes 16Hs
Escuchar: http://audios.lacolectiva.org.ar/MaS-2016-09-07.lite.mp3
 
 


Editorial N° 1: «Ajuste»

El conjunto de medidas económicas tomadas por el macrismo –eso que para abreviar llamamos «el ajuste»– suele explicarse de dos maneras: la manera liberal y la manera populista.

Desde el punto de vista liberal, los partidarios del gobierno y sus periodistas e intelectuales «amigos» sostienen que el ajuste era inevitable para hacer frente a la «herencia recibida». Desde el mes de diciembre pasado, los medios afines al macrismo –Clarín, La Nación, sus grupos de influencia respectivos– insisten una y otra vez en mostrar la corrupción imperante bajo los gobiernos kirchneristas. Desde hace meses basta encender el televisor para encontrar referencias continuas a «la ruta del dinero K». No vamos a negar la existencia de la corrupción bajo los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández ni tampoco vamos a pintar de rosa a estas figuras.

Pero como marxistas –y salvajes– tenemos que hacer dos precisiones. En primer lugar, la corrupción no es un rasgo exclusivo del kirchnerismo, sino una característica estructural de la sociedad en la que vivimos: una sociedad organizada para que convivan villas miseria y barrios privados (Nordelta y La Cava, por ejemplo), una sociedad organizada en base a la explotación de los trabajadores para dar ganancias a los empresarios, una sociedad así necesita que haya corrupción para favorecer el enriquecimiento de unos pocos y hacer la vista gorda frente a la miseria de los muchos. Basta ver el estilo de vida de funcionarios y ex-funcionarios públicos para advertir que el enriquecimiento millonario es la regla, no la excepción. En segundo lugar, poner el acento en los funcionarios corruptos lleva a pensar que las crisis son provocadas por actos individuales y no por causas sociales (como la propiedad privada de los medios de producción, el Estado como relación social y la explotación de las mayorías en beneficio de ciertas minorías).

Por su parte, desde la mirada populista, los defensores del kirchnerismo afirman que el ajuste es consecuencia de la ideología «neoliberal» del macrismo. Desde este punto de vista, las medidas tomadas por Mauricio Macri obedecerían a su forma de pensar la sociedad y la economía, más que a la existencia de una crisis a la que había que dar respuesta. De este modo, los kirchneristas se libran de tener que explicar el estancamiento en que se encontraba la economía argentina durante el gobierno de Cristina Fernández, y le echan el fardo al macrismo. Además, los kirchneristas sostienen que para revertir el plan del macrismo sólo hace falta un cambio de gobierno que instaure, otra vez, el predominio de las ideas «nacionales y populares». Pero basta con alzar la mirada al resto de la región sudamericana –y al resto del mundo– para advertir que no son los gobiernos los que deciden la marcha del capitalismo, sino que es la propia marcha del capitalismo la que decide qué tipo de gobierno le conviene en cada momento. Esto es asi por el carácter de clase del Estado, que va más allá de cada gobierno en particular. Lejos de representar los intereses de todos, el Estado sirve a los propietarios y requiere, para mantenerse, de la conservación de la explotación de los trabajadores.

De esta manera, ambas explicaciones del ajuste, la liberal y la populista, tienen algo en común: no cuestionar el sistema capitalista. Sean radicales, macristas o peronistas, todos están a favor de la explotación.

Frente a esas dos explicaciones del ajuste ofrecemos esta tercera mirada. Una economía capitalista como la nuestra tiene como motor la ganancia de los empresarios. Si caen las ganancias, la economía deja de crecer porque los capitalistas no invierten. Esto genera estancamiento y desemboca, tarde o temprano, en una crisis. La economía argentina se encontraba en una situación de estancamiento creciente cuando Macri llegó al gobierno. Por eso su plan económico tiene por objetivo recuperar la tasa de ganancia de los empresarios. La devaluación, la eliminación de las retenciones, los despidos de trabajadores, la reducción de los salarios… son todas medidas tendientes a lograr que los capitalistas vuelvan a invertir. El ajuste cobra sentido si se comprende el funcionamiento de la economía capitalista. La «herencia recibida» y el «neoliberalismo» son explicaciones superficiales. Detrás de cada ajuste se encuentra la lógica de funcionamiento de la economía capitalista.

Todos los que vivimos de un salario conocemos las consecuencias de un ajuste. Pero no logramos ponernos de acuerdo acerca de sus causas. Esto nos impide actuar de manera efectiva contra el ajuste. Un diagnóstico correcto de las causas de un problema no elimina el problema, pero abre las puertas a su resolución. La principal dificultad es que el horizonte vital e intelectual de nuestra sociedad es el capitalismo. Si vivimos y pensamos como si fuera imposible una alternativa a la organización social capitalista, cada ajuste será concebido como un fenómeno inevitable, más o menos ligado a las macanas cometidas por tal o cual político. Si vivimos y pensamos como si fuera imposible una alternativa a la explotación, los productores de la riqueza social seguiremos siendo miserables. Y el capital seguirá celebrando sus orgías.

6 de septiembre de 2016.

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